martes, 7 de junio de 2016

John M. Stahl, grande del melodrama y precursor de Douglas Sirk

CgHTM2QWQAEwZkH Gene Tierney fue nominada al Oscar como Mejor actriz por su trabajo en ''Que el cielo la juzgue''.  


John M. Stahl es un magnífico realizador especializado en melodramas, que vivió en cierta manera a la sombra de la fama de Douglas Sirk, este hecho y que muchas de sus películas sean difíciles de conseguir -su etapa silente está prácticamente desaparecida, por ejemplo-, contribuyen a que su trayectoria no sea demasiado conocida y por tanto, no lo suficientemente valorada. Stahl dirigió tres cintas -Magnificent Obsession, When Tomorrow Comes e Imitation of Life- que posteriormente Sirk versionó en los años 50 llevándolas a su terreno, con un estilo estético más florido y con un enfoque distinto de la historia. John M. Stahl se caracterizó por un estilo más naturalista y sobrio en sus propuestas cinematográficas. Aunque Sirk es más reconocible por el público cinéfilo, Stahl es un cineasta que, con sus altos y sus bajos artísticos, es también muy recomendable. En definitiva, dos maestros del Hollywood dorado.

CVZZnUUXIAAiyZ- John M. Stahl junto a Gene Tierney en un descanso del rodaje de la obra maestra del melodrama noir, ''Que el cielo la juzgue''.  


John M. Stahl aunque siempre mantuvo que era originario de Nueva York, se ha demostrado que tenía origen europeo y que pertenecía a una familia judía -se asegura que nació en Bakú, actual Azerbaiyán-. Abandonó sus estudios de Derecho e hizo sus primeros pinitos artísticos como actor teatral en vodeviles y compañías dramáticas. Trabajó para tres de las más grandes productoras de Hollywood: Metro Goldwyn Mayer, Universal Pictures y la Fox. En la naciente MGM de aquella época, dirigió 24 largometrajes mudos -entre ellos, algunos melodramas, género que marcaría fuertemente su carrera- entre 1914 y 1927. Con la llegada del cine sonoro ejerce también de productor para otros cineastas que han pasado al olvido, durante tres años produce 44 filmes. Vuelve a dirigir pero esta vez para Universal -donde estará trabajando en exclusiva durante 11 años, de 1930 a 1941-, es en esta productora en la cual empieza a sobresalir como un excelente y sutil director de melodramas, filmando algunas de sus películas más destacables -La usurpadora, Imitación de la vida, Parece que fue ayer, Sublime obsesión o Huracán-. Fue uno de los directores mejor pagados de esta compañía, y tenía el privilegio de tener cierto control sobre sus proyectos -ya que consiguió ser acreditado nuevamente como productor en muchas de sus películas-. Privilegio poco frecuente en el Hollywood clásico, ya que los jefazos de las productoras tenían mucho poder.

1a162ba6a467c99136e83773ea886718 ''Las llaves del reino'', Gregory Peck también conseguiría ser candidato al Oscar como Mejor actor.


La etapa final de la trayectoria de Stahl va de la mano de la 20th Century Fox, donde rueda nueve películas. Entre ellas, la que es merecidamente una de sus obras mejor valoradas, el maravilloso melodrama noir ''Que el cielo la juzgue'', en el cual, una espléndida y pérfida Gene Tierney vuelve a hechizarnos. Que además posee la peculiaridad de haber sido filmada en tecnicolor, técnica visual poco frecuente en el cine negro de esa época. Otros títulos recomendables de su etapa en la Fox son Las llaves del reino, Sagrado matrimonio, Murallas humanas, Débil es la carne o El sargento inmortal. Su última cinta sería Linda muñequita en 1949. Fallecería en 1950 de un ataque al corazón a los 63 años.

  8dfc5d8aaad536ad3e24089c78ce813a ''Que el cielo la juzgue'', una de las cumbres del melodrama.


John M. Stahl fue conocido en el Hollywood dorado por ser un experto en películas de mujeres, las actrices siempre fueron sus mejores aliadas. Solía conseguir hacerlas brillar en pantalla. Irene Dunne fue la mejor intérprete que estuvo bajo sus órdenes -trabajaron juntos en tres ocasiones, La usurpadora, Sublime obsesión y Huracán-, no sólo por ser una actriz de desbordante talento y admirable versatilidad, si no también porque su perfil interpretativo -era contenida, carismática y emocional- se ajustaba a la perfección al estilo de Stahl, que perseguía la desnudez sentimental y la sencillez por encima de todo, notablemente alejado de artificios formales. Otra musa memorable fue sin duda, Gene Tierney, encarnando a una femme fatale sobresaliente.1013d44efd68779ebdc35b090ff5cfd0 ''Huracán'', en 1957 Douglas Sirk la versionaría con inferior resultado, bajo el título de ''Interludio de amor''.a9cf984cb610acc62904cf71d8fce2af Linda Darnell en ''Murallas humanas''.  



CURIOSIDADES
  • Las películas de John M. Stahl no sólo fueron versionadas por Douglas Sirk, si no que por ejemplo, La usurpadora -Back Street- conoció dos remakes, uno dirigido en 1943 por Robert Stevenson Su vida íntima con Margaret Sullavan y Charles Boyer, y otro dirigido en 1961 por David Miller, que protagonizaron Susan Hayward y John Gavin.
B8IYbkEIQAApkIe Irene Dunne en ''La usurpadora''.

viernes, 3 de junio de 2016

Gregory La Cava, memorable artesano eclipsado por otros grandes de la comedia

En este blog de clásicos siempre que pueda, intentaré primar los nombres más desconocidos por encima de los grandes conocidos. Creo que hay veces que se aporta más escribiendo sobre gente valiosa de la que no se habla tanto, que sobre estrellas o directores míticos sobradamente reconocibles por la mayoría.Cgb09QTWEAEwR9w.jpg large Gregory La Cava en un descanso del rodaje de ''Al servicio de las damas'', protagonizada por Carole Lombard y William Powell.  


Gregory La Cava fue un formidable cineasta estadounidense de origen italiano, que no gozó del prestigio y popularidad de otros coetáneos del Hollywood clásico, como Leo McCarey, Frank Capra o George Cukor -de hecho, era frecuentemente comparado con este último, seguramente por dirigir comedias y por su notable predilección por las actrices, extrayendo de ellas, fantásticos trabajos-. Aunque estuvo nominado en dos ocasiones al Oscar como Mejor director, ha sido injustamente olvidado o infravalorado, especialmente con el paso del tiempo. Caso similar al de Mitchell Leisen, directores de sobrada valía, con una elegante puesta en escena y que se especializaron en comedias. La mirada de La Cava es humanista pero al mismo tiempo, caustica e irónica, dejando sus películas, en ocasiones, un poso de amargura. Más en la línea descreída de Billy Wilder y Preston Sturges, no tanto en el tono amable u optimista de Frank Capra y Mitchell Leisen. Al desarrollarse su carrera en una época donde abundaban genios de la comedia, no poseer un sello muy identificativo, y por encima de todo, arrastrar una fama de cineasta conflictivo entre los productores, fueron elementos que hundieron su trayectoria a marchas forzadas. Los jefazos de los Estudios creían en su talento en un principio, pero temían su carácter complicado.


Gregory La Cava junto a Ginger Rogers y Walter Connolly en el rodaje de ''La chica de la Quinta Avenida''.
Gregory La Cava junto a Ginger Rogers y Walter Connolly en el rodaje de ''La muchacha de la Quinta Avenida''.


Ensombrecido por muchos grandes de la época, sin un estilo excesivamente definido y con una fama de director difícil, fue sobreviviendo durante los años 30 y 40. Con una filmografía algo irregular pero con algunos puntos álgidos muy apreciables -especialmente las dos únicas obras maestras de su carrera -y las más reconocidas- ''Al servicio de las damas'' y ''Damas del teatro''-. Fue un director independiente -figura poco extendida en la época, ya que todos solían estar atados a un Estudio determinado bajo contratos-, que con el presupuesto que le asignaban hacía virguerías, llegando incluso a ahorrar. Llegó un momento en que los Estudios se cansaron de él, y La Cava se convirtió en un alcohólico, falleciendo prematuramente a los 59 años en 1952.

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''Damas del teatro''


Gregory La Cava, antes de llegar al cine sonoro con bastante acierto, tenía una prolífica trayectoria en la animación -habiendo dirigido más de 100 cortometrajes animados-, además de haber ejercido como pintor y boxeador previamente. La Cava era un amante de la improvisación en los sets de rodaje, dándoles bastante libertad a sus intérpretes. Trabajó con actores y actrices maravillosos -William Powell, Carole Lombard, Claudette Colbert, Ginger Rogers, Katharine Hepburn, Irene Dunne...- y muchos de ellos, terminarían nominados al Oscar gracias a sus cintas. Los intérpretes que trabajaron y se adaptaron a su peculiar método de trabajo solían divertirse, pero, es de suponer, que los que eran más perfeccionistas terminarían hartos. Sus rodajes eran un constante ir y venir, se introducían cambios en la historia a última hora, y los actores eran avisados repentinamente de estos retoques por La Cava -los guiones solían estar firmados por el propio director acompañado de otros guionistas-. Cuando los productores se lo permitían, le gustaba contar con un pianista en el plató, que solía marcar el ritmo conveniente para cada secuencia. Además, un psicoanalista trataba a La Cava en los descansos.

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''Lecho de rosas'', con Constance Bennett y Joel McCrea.


Gregory La Cava era alérgico a los grandes planes de producción, y abogaba, por la naturalidad en sus propuestas, renegando fuertemente del encorsetamiento formal para sus filmes. La Cava era un cineasta eminentemente creativo, que le otorgaba mucha relevancia a las mujeres y a los diálogos inteligentes y sólidos. Una de las mejores virtudes que poseía, era su habilidad para combinar drama y comedia con pasmosa facilidad -especialmente patente en ''Damas del teatro'' y ''Al servicio de las damas'', comedias con tintes amargos-. Se movía como pez en el agua en la comedia, pero a su vez, también era admirable lo bien que se manejaba en el melodrama -en algunas ocasiones, con trasfondo social-. Rodaba sin guión, improvisando sobre la marcha, saltándose las fechas establecidas, y aún así, conseguía terminar a tiempo cada rodaje. La Cava fue, en definitiva, un grande. Por desgracia, poco valorado por crítica y público. Ahondar en su filmografía, confirma su talento desbordante y estilo refinado, a pesar de tener cintas menores como cualquier realizador.

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Katharine Hepburn y Ginger Rogers siendo dirigidas por La Cava en ''Damas del teatro''.  


Títulos a destacar de la filmografía de La Cava

Damas del teatro
Al servicio de las damas
La melodía de la vida
La muchacha de la Quinta Avenida
Lecho de rosas
Ansía de amor
Sucedió una vez
El burlador de Florencia
El despertar de una nación
Mayoría de edad
Astucia de mujer
Risa y dinero

Las mejores parejas de la época dorada de Hollywood: William Powell y Myrna Loy, resolviendo misterios con estilo y humor (I)

William Powell y Myrna Loy, antes y después de la saga The thin man (El hombre delgado)

tumblr_ny6li6DV4b1udn2gzo1_540 "Nunca disfruté tanto mi trabajo como cuando actuaba junto a William Powell. Era un actor brillante, un compañero encantador, un buen amigo y por encima de todo, un auténtico caballero. Lo veía frecuentemente a lo largo de los años. Lo echaré de menos terriblemente." Myrna Loy.
 

Myrna Loy tuvo formación de bailarina y comenzó su carrera en el cine mudo a mediados de los años 20, después de algunas representaciones locales. Fue descubierta por Rodolfo Valentino, un galán mítico del cine silente. El Hollywood clásico solía recurrir a ella para interpretar a personajes exóticos y misteriosos -mujeres fatales asiáticas, etc-, especialmente durante la primera década de su carrera, seguramente propiciado por su singular belleza. Después se convertiría en la esposa ideal -simpática, abierta y sensual- al lado de William Powell, Clark Gable y otros. La MGM la promocionaba como la mujer soñada que todo hombre desearía tener. Loy está considerada una de las actrices más populares e imprescindibles de los años 30 y 40 -la primera entrega de las 6 películas de The Thin Man en 1934, la consolidó como una estrella de gran éxito-, fue apodada la reina de Hollywood gracias a una encuesta realizada entre los espectadores. William Powell y Myrna Loy se convirtieron en dos de los más actores más queridos del público de la época, rodando juntos 14 cintas -Libeley Lady, I love you again, Manhattan Melodrama, Love Crazy, Evelyn Prentice...-. Otras parejas cinematográficas con las que también funcionaba excelentemente, fueron dos magníficos actores Cary Grant y Clark Gable. Hizo un descanso en su trayectoria para ayudar en la II Guerra Mundial -después retornaría al cine de la mano del gran William Wyler con ''Los mejores años de nuestra vida'', sin duda, uno de sus mejores papeles dramáticos- y continuaría interpretando el perfil de esposa perfecta aunque con una personalidad muy definida, mucho más que un mero complemento del hombre. Se volvió muy activa políticamente a raíz de su participación en este conflicto armado, colaborando en la promoción de causas liberales, al lado de Richard Nixon antes de que se convirtiera en presidente. Fue la primera estrella de cine que trabajó para las Naciones Unidas. Desde mediados de los años 50 hasta los 80, Loy fue espaciando sus apariciones cinematográficas (Lonelyhearts, The April fool, The End...), combinaría sus trabajos en el cine con su exitosa incursión en el teatro. Los últimos papeles de su carrera fueron, un personaje secundario en la película de Sidney Lumet Just Tell Me What You Want (1980) y una TV-movie al lado de Henry Fonda Summer Solstice (1981). Seguramente debido a que en su trayectoria abundan los papeles cómicos -ya conocemos la habitual tendencia de la Academia de nominar y premiar dramas, a la comedia generalmente se la infravalora, a pesar de la indudable calidad de muchos de los filmes cómicos clásicos-, aunque también demostrara ser versátil en sus escasas interpretaciones dramáticas, nunca sería nominada por una actuación en concreto, y los Oscar solucionarían este error, como frecuentemente hacen, dándole un premio honorífico en 1991. William Powell al igual que Myrna Loy también inició su carrera en el cine silente, después de un largo recorrido teatral de una década. Empezaría a hacerse conocido con algunas películas talkies de serie B trabajando junto a la actriz Kay Francis y con cuatro películas en las cuales daba vida al detective Philo Vance. No era el galán protagonista, pero sí un intérprete muy interesante. Paso de ser un villano recurrente a interpretar a caballeros sofisticados. Paradójicamente, su imagen de actor distinguido, no correspondía con su origen humilde en la realidad. La primera cinta de la saga The Thin Man supuso también su espaldarazo definitivo, siendo nominado al Oscar como Mejor actor. Está claro que William Powell en su vida personal tenía afición por las rubias. Se casó en segundas nupcias y se divorció de la excelente actriz Carole Lombard, y posteriormente, sería la última pareja que tuvo Jean Harlow antes de su fallecimiento. Solamente un año después, Powell contraería un cáncer y su doctor le daría una corta esperanza de vida. Saldría adelante con la enfermedad, sometiéndose a tratamientos de radioterapia. Volvería al cine en 1939, con la tercera entrega de la comedia de misterio sobre The Thin Man. Seguiría haciendo películas hasta 1955, después se retiró a Palm Springs pero continuó manteniendo el contacto con Myrna Loy. Murió a los 91 años en 1984. Loy fallecería 9 años después -en 1993 a los 88 años-. Myrna Loy y William Powell serán recordados para siempre por los cinéfilos, por ser dos inmejorables intérpretes cómicos. Son sinónimo de elegancia, estilo y fino humor. Juntos llenaron la pantalla de magia y encanto. No tan famosos como otras parejas de la época dorada de Hollywood -Fred Astaire y Ginger Rogers, Katharine Hepburn con Spencer Tracy o Cary Grant, Judy Garland y Mickey Rooney y Doris Day y Rock Hudson- pero igual de grandes y carismáticos. Ostentan el record de ser la pareja cinematográfica que más colaboraciones conjuntas acumulan.  


''The thin man'' (La cena de los acusados), el matrimonio Charles entra en escena y enamora al público desde el principio

LoyPowell The Thin Man publicado en Enero de 1934 fue el último libro que escribió Dashiell Hammett (El halcón maltés), que al contrario que sus anteriores novelas, la terminó solamente en un par de meses. No podía estar muy alejada del estilo que lo había hecho un nombre prestigioso y popular (la serie negra). Aunque ciertamente, este libro poseía un enfoque más liviano, al mezclar la clásica historia detectivesca o de misterio con la comedia de alta sociedad. El ingenioso y peculiar matrimonio formado por Nick y Nora Charles, se dedican a resolver crímenes con grandes dosis de humor y sofisticación. La versión cinematográfica dirigida por W. S. Van Dyke le da más protagonismo a la historia detectivesca, y resulta incluso más original que la novela de Hammett, al otorgarle más relevancia al matrimonio Charles y su dinámica de pareja, de esta manera el desarrollo para resolver el crimen, se convierte en algo bastante cercano a la screwball comedy. La adaptación de los guionistas Albert Hackett y Frances Goodrish -marido y mujer en la vida real- coge las mejores frases de la novela de Hammett e improvisa sobre ellas, e introducen algunas nuevas incluso mejores. Con un argumento propio de una novela de Agatha Christie, consiguen crear una historia con identidad propia. Las películas crearon algo de polémica en la época por la afición a la bebida que tenía Nick Charles especialmente, que habitualmente aparece bebiendo. El autor de la novela, de hecho, dejó de escribir por culpa de su alcoholismo. CePpkPpXEAAEWDy Lillian Hellman (The Children's hour), a quien Dashiell Hammett dedicó su novela, confesó que el matrimonio Charles estaba inspirado en su larga relación con él. Seguramente una versión más romántica y emocionante de lo que en realidad fue su difícil relación de más de tres décadas. El director W. S. Van Dyke era conocido por ser rápido y eficiente. Van Dyke confió en Myrna Loy y William Powell pese a las serias dudas del productor Louis B. Mayer, jefe de la MGM -según algunas biografías, Mayer tenía bajo contrato a Powell pero no creía que la combinación Powell-Loy resultara verosímil, le avisó al realizador que sólo le dejaría rodarla con ellos si terminaba la película en dos semanas-, el director siempre creyó en el buen funcionamiento de ambos actores como pareja cómica. Acertó completamente, cuando la película se estrenó en Mayo de 1934 se convirtió en un gran éxito -que posiblemente sorprendió al Estudio MGM-, era el perfecto entretenimiento para no pensar en la Gran Depresión. El filme estaría nominado a cuatro Oscar -Mejor película, Mejor actor, Mejor guión y Mejor director-. Se hicieron 5 secuelas más. El público no se cansaba de la memorable pareja cómica William Powell-Myrna Loy. Incluso se estrenaron varios spin-offs para televisión -que contaban con una pareja distinta de actores protagonistas-. The Thin Man introdujo un nuevo modelo de matrimonio en la cultura popular americana, Nick era el detective pero en general mantenía una relación de igual a igual con Nora -es decir, Myrna no era la esposa sumisa, tenía una personalidad marcada, era encantadora pero al mismo tiempo, temperamental e inteligente-, y tenía un papel activo en la resolución de los casos. En la novela Hammett es bastante más explícito en el terreno sexual que en la película de Van Dyke -hay una escena, donde Nora le pregunta a Charles, si tuvo una erección al abrazar a una sospechosa, y él le responde, Un poco-. La película no va tan lejos, pero sí deja entrever indicios de que son dos criaturas ardientes. Por culpa de la implantación del código Hays, el tono pícaro de la primera entrega fue suavizado en las siguientes. Son historias sencillas -pero altamente efectivas- a mayor gloria de una pareja de intérpretes sobrados de talento, carisma y clase. tumblr_ltqfdkL0t31r33ixko1_540 ANOTHERTHINMAN_00454847_1052x822_080620071614


Curiosidades
  • El sistema de estudios era tremendamente esclavista, su dureza se notaba especialmente con las estrellas. Además, de estar atadas por contrato durante unos años y un número determinado de películas, se las explotaba haciéndolas trabajar demasiadas horas por un sueldo insuficiente -en muchas ocasiones, el salario que percibían no estaba a la altura de los beneficios que obtenían por ellas-. Era muy frecuente que los actores se quejasen por el trato recibido y demandaran una subida salarial -Bette Davis, Olivia de Havilland, Elizabeth Taylor, James Cagney...-, además de todo esto, solía suceder, que el Estudio que les representaba los encasillaba en un perfil muy concreto de personaje. Myrna Loy fue uno de ellos. Dejó de trabajar durante un año para la MGM con la firme intención de disfrutar de un aumento de salario, que se ajustara a lo que ella creía que merecía como estrella. Al final, Loy ganó la partida.
 
  • Cuando filmaron la primera entrega de The Thin Man en 1934, Myrna Loy tenía 29 años y William Powell, 42. Se llevan 13 años entre sí. La MGM consideraba que Powell era demasiado mayor para dar vida a Nick Charles, y que Myrna estaba encasillada en papeles de mujer fatal. Curiosamente, Powell tuvo parejas bastante más jóvenes que él en la vida real. Se casó en tres ocasiones -su última esposa, la actriz Diana Lewis con la que duró 44 años, era 26 años menor que él-. Por su parte, Loy se casó y se divorció 4 veces.
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martes, 8 de septiembre de 2015

Claudette Colbert, reina de la comedia romántica clásica (II)

MEDIANOCHE (Mitchell Leisen, 1939)
  Por Mari Carmen Fúnez Galán.


Cuando en 1939 Claudette Colbert protagonizó Medianoche, ya llevaba tras de sí una carrera fulgurante tanto en la comedia como en el drama con títulos tan conocidos como Cleopatra o Sucedió una noche, gracias a la cual ganó su primer Oscar. Su vis cómica, su naturalidad a la hora de actuar, su rostro siempre risueño y pícaro, su elegancia sin altivez y un físico que sin ser espectacular como las grandes bellezas de la época despertaba simpatías a su paso, la hacían perfecta para interpretar personajes marcados por el descaro, la coquetería y el desparpajo como es el de la protagonista de Medianoche. Y es por eso que no podemos imaginar a otra actriz en el papel de Eve Peabody.
 
Eve es una buscavidas americana que acaba de perder todo su dinero en el casino de Montecarlo, y que llega a París en un tren con un vestido de fiesta y 25 centavos en el monedero como único equipaje. Pero París no es ni mucho menos la ciudad luminosa y lujosa que una Cenicienta espera encontrar. Llueve a cántaros y no parece que ningún príncipe azul vaya a acudir en su rescate, hasta que un taxista se apiada de ella y la lleva de club en club en busca de un trabajo como cantante. Lo infructuoso de su búsqueda y el cansancio hace que entre los dos se cree una conexión especial que se rompe cuando ella huye precisamente de lo que se aventura como una vida humilde junto a él, y se cuela en una fiesta de la alta sociedad parisina haciéndose pasar por una baronesa europea. A partir de ese momento se suceden una serie de enredos y malentendidos que la llevarán a formar parte de esa burguesía decadente mientras el taxista se desvive por encontrarla.
 


Medianoche se engloba dentro del subgénero de la screwball comedy que hicieron furor en los años dorados de Hollywood, unas películas aparentemente livianas, plagadas de romances alocados y situaciones más delirantes aún, que escondían un cinismo y una crítica normalmente centrada en las clases sociales altas y en la cultura de la apariencia. Sin duda, el que detrás del guión de Medianoche se encuentre uno de los mayores cínicos (en el buen sentido) del cine de todos los tiempos, el gran Billy Wilder, ayudó a que, aun siendo una de las comedias menos conocidas de los años 30, se convirtiera en la más redonda de todas las que filmó Mitchell Leisen.
 
En ella se incluyen todos los elementos propios de la screwball con el aliciente de un guión que, por muy alocado que parezca el argumento, es capaz de mantener siempre una coherencia absoluta entre la historia que cuenta y las críticas que subyacen en ella. De esto último da fe el contraste entre escenas como la del baile en el bar al que acuden los taxistas parisienses, desinhibida, alegre y cargada de espontaneidad, con la que tiene lugar en la mansión de los Flammarion en Versalles calculada al milímetro en su coreografía y llena de impostura. La comedia, por el contrario, se va construyendo a base de entre mentiras que se cuentan para tapar otras mentiras, haciendo cada vez más grande la bola de engaños en la que se ven inmersos los protagonistas, con escenas hilarantes como la de la falsa llamada de teléfono a Budapest, o la de una convincentemente enredadora Claudette Colbert explicando a sus anfitriones la supuesta locura de su supuesto marido.
 

 
Pero si Colbert brilla más que nunca en Medianoche, no se quedan atrás un Don Ameche enamorado, celoso y tierno, capaz de movilizar a todos los taxistas de París para encontrar a su Cenicienta, y sobre todo un John Barrymore divertidísimo y punzante en uno de sus últimos papeles. Todo ello hace de Medianoche una de las mejores comedias de la historia de Hollywood que es necesario reivindicar para situarla en el lugar que merece.
 
 
Adelante mi amor (Mitchell Leisen, 1940)
 Por Ana Igareta Gómez.
 
 
“Arise my love” es una de las películas más brillantes de Mitchell Leisen ese director tan interesante como poco reconocido a nivel popular, con el que Claudette Colbert realizaría cuatro películas: “Medianoche” (1939), “Adelante mi amor” (1940), “No hay tiempo para amar” (1943) y “Bodas blancas” (1944).
Es ésta una película en la que se cruzan varios de los mayores talentos del Hollywood de la época: el de Mitchel Leisen detrás de la cámara, el del tándem Charles Brackett y Billy Wilder en el guion, el de Victor Young en la música o el de Claudette Colbert y Ray Milland (ambos debilidades personales), delante de la cámara.
Basada en un relato del escritor húngaro János Szélely (escrito bajo el pseudónimo de John S. Tuddy, Szélely es uno de los muchos talentos húngaros que “invadieron” Hollywood tras el final de la Primera Guerra Mundial, exiliados políticos tras la instauración de gobierno procomunista de Bèla Kun) y del irlandés Benjamin Glazer, ambos participarán en una primera redacción del guion, en el que también intervendrán Jacques Tery y Ketti Frings. El tándem Charles Brackett y Billy Wilder le darán su forma definitiva, rescribiendo toda la parte final. Supone esta película la segunda colaboración de Brackett y Wilder con Leisen (tras la excepcional “Medianoche”, 1939), con quien repetirán en el melodrama “Sino amaneciera” (1941). La historia se basa en hechos reales, las intrigas de la amante de un piloto norteamericano de las Brigadas Internacionales encarcelado en España en plena guerra civil por el bando sublevado para que éste no fuera ejecutado.
La película es una crítica total a la política de no intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y una arenga pro intervención bajo las formas de una deliciosa comedia con toques de la mejor screwball comedy. Ray Milland (delicioso actor de comedia) es Tom Martin el aviador americano que es detenido y encarcelado en Burgos por ayudar a la causa republicana, donde espera su ejecución. Claudette Colbert es Augusta Nash, la periodista de guerra que lo liberará engañando a las autoridades españolas. En su ánimo más que cuestiones humanitarias cuenta su ambición profesional, la idea de conseguir una buena historia que le de relevancia profesional. Aquí comienzan los enredos y juegos amorosos. Milland se enamora de su heroína mientras ella, también atraída por él, rehúye en busca de un gran futuro profesional. Así comienza un juego del gato y el ratón por escenarios europeos con el avance nazi en Europa como telón de fondo. Claudette da forma al prototipo femenino que ella mejor encarna en el cine y siempre con eficiencia: el de la mujer moderna, independiente e inteligente que tiene que enfrentarse a los dilemas del amor. Ray Milland es el personaje entrañable, pícaro y cándido a la vez (una mezcla del Jimmy Stewart y Gary Cooper de los años 30) que la pone al borde del abismo.
A pesar de los momentos frívolos  y el tono ligero el trasfondo amargo de la guerra está siempre presente, a través de diálogos mordaces y certeros. En la parte final se hace evidente la imposibilidad de vivir y de amar dando la espalda a lo que está sucediendo, a una batalla crucial para la historia de la Humanidad. La película no se estrenará en España por su visión negativa del bando sublevado y marcado corte antifascista.
 
 
 
 
No hay tiempo para amar (Mitchell Leisen, 1943)
 Por Juan Murillo Bodas.
 
 
 
 
Situada dentro del género de la comedia romántica “No time for love” es una producción de uno de los grandes estudios norteamericanos: la Paramount Pictures y fue realizada por uno de los directores especialistas del género: Mitchell Leisen, director que goza de poco prestigio en la actualidad pero que fue en su momento uno de los directores más importantes del citado estudio debido a que sus películas gozaron de gran éxito. Fue estrenada en un periodo en el que Leisen estaba empezando a agotar su fórmula de comedia sofisticada e inteligente con toques de screwball-comedy que ya había dado su buen rendimiento con películas como Hands Across the Table (Candidata a millonaria (1935); Easy living (Una chica afortunada) (1937) o su obra maestra en el género Midnight (Medianoche) (1939) . No time for love basada en una historia original de Robert Lees y con guión de Claude Binyon y Warren Duff nos cuenta la historia de Katherine Grant( Claude Colbert) una brillante fotógrafa de moda altiva que está prometida con Henry Fulton (Paul McGrath), pero todo cambia cuando un día conoce a un apuesto trabajador de la construcción Jim Ryan (Fred MacMurray) mientras realiza un reportaje fotográfico en un túnel.
 
La película, que posee una impecable puesta en escena, como es habitual en Leisen, cuenta con una estupenda música de aires románticos de Victor Young y con un director de fotografía destacado: Charles Lang, que adecúa perfectamente la luz a las diferentes escenas rios en los que se desarrolla la película… todos los aspectos artísticos están cuidados a la perfección, tanto los decorados, como los trajes de los actores, una de las marcas de estilo de Leisen. Sin embargo, pese a que los actores protagonistas: Claudette Colbert y Fred MacMurray están muy bien en sus papeles y hay una gran química entre ellos, el guión es algo previsible y pese a poseer un par de giros interesantes en el guión, hay demasiados momentos en la película en los que la acción no avanza con la consecuente falta de ritmo. Tampoco ayuda que los actores secundarios tienen escasa importancia, cuando nor- malmente las comedias norteamericanas clásicas destacan por la presencia de actores que enriquecen la trama de la película, Aquí ni Paul McGrath, ni June Havoc interpretando a la exhuberante Darlene ni Richard Haydn acompañante amanerado y divertido de Katherine Grant tienen suficiente presencia en el desarrollo de la película. Competente comedia, bien realizada y con dos estrellas de la comedia romántica como Claude Colbert y Fred MacMurray, que volverán a trabajar posteriormente con Leisen. La excesiva dependencia de Leisen respecto a los guiones ajenos que filmaba hacen que en este caso el resultado no sea tan brillante como en otras estupendas comedias escritas por Preston Sturges o el tándem Billy Wilder/Charles Brackett en las que Leisen modificaba diálogos y los acoplaba a su elegante puesta en escena. A pesar de todo es una comedia interesante y que se sigue con cierto interés.
 
 
 
Tempestad en la cumbre (Douglas Sirk, 1951)
  Por Joseph B Macgregor.
 

 
 
Si algo demuestra “Tempestad en la cumbre (Thunder on the Hill, Douglas Sirk, 1951)” es la capacidad camaleónica de la gran Claudette Colbert, capaz de convertirse por derecho propio en una de las grandes damas de la alta comedia norteamericana, y a la vez poder interpretar con convicción y eficacia tanto a una sexual y sensual Cleopatra (“Cleopatra,” Cecil B. DeMille, 1934) como a una mujer totalmente opuesta a ésta: la Hermana Mary Bonaventura, protagonista estelar de este desconocido pero muy apreciable film de un  Douglas Sirk, anterior a sus grandes y excelsos melodramas en color realizados a mediados de los años 50.
 
 
El guion de “Tempestad en la cumbre - a cargo de Oscar Saul y Andrew Solt - adaptaba una obra de teatro firmada por Charlotte Hastings y que fue estrenada como “Bonaventura”, es decir el nombre de la hermana protagonista de la trama. En esta se mezcla el melodrama ambientado en monasterio de monjas (en este caso un monasterio-hospital) con una intriga detectivesca, interesante pero algo pueril (el culpable se adivina desde prácticamente el momento en que se plantea el asunto).  
 
Lo primero que destaca en el film es el buen hacer de la Colbert, nos ofrece una interpretación sobria y eficaz de esta religiosa metida a investigadora, inteligente e intrépida pero a la vez torturada por la culpabilidad que siente por el suicidio de su hermana. Este sentimiento es la que la induce a creer en la inocencia de una joven condenada a muerte por el asesinato de su hermano (una más que convincente  Ann Blyth) y a tratar de salvarla de la pena de muerte.  Sin embargo, nos encontramos con una de esas películas en la que uno percibe más que nunca que cada actor y actriz representan el rol más adecuado. Igual de convincentes resulta el resto del reparto de secundarios hasta el punto de que da la impresión de que la gran Gladys Cooper es en realidad la Madre Superiora, la sorprendente Connie Gilchrist como la Hermana cocinera Josephine, que efectivamente parece nacida para representar este papel  o Michael Pate que se ocupa de dar humanidad al retrasado ayudante Willie, tan impulsivo como bondadoso.
 
 
Otro aspecto destacable de este Sirk menor es el inteligente uso que el realizador hace de la escenografía. Aunque el guion parte de una obra de teatro en ningún momento tenemos la sensación de estar asistiendo a una representación teatral, ni siquiera aunque la trama se ubique en un 80 % en un espacio cerrado, debido a que el escenario es utilizado de tal manera – la hábil combinación de luces y sombras, la importancia del decorado dentro del encuadre del plano – que en algunos momentos el film desprende una sobrecogedora atmosfera de cuento gótico o de terror. Hay secuencias (la del campanario) que nos evoca de inmediato a la muy posterior Vértigo (De entre los muertos)” de Hitchcock o las exteriores que se desarrollan en un ambiente nebuloso que nos trasladan a la época dorada del cine de terror de la Universal, productora también de esta película.
En  definitiva, “Tempestad en la cumbre resulta un film agradable de ver, que se sigue con interés ya que está bien contado y que posee además un elegante e inteligente uso de la puesta en escena, uno de los puntos fuertes del film sin duda alguna. Nos ofrece además un más que excelente elenco actoral, con la Colbert a la cabeza, que son capaces de defender con solvencia una trama entretenida, que te mantiene absorbido durante ochenta minutos pero con un desenlace anunciado que depara pocas sorpresas al espectador.
 

Ciclo Vincente Minnelli: ''Cautivos del mal'' (1952)


Por Juan Murillo Bodas.

Extraordinaria y deslumbrante obra maestra de Vincente Minnelli uno de los grandes estilistas del Hollywood clásico que consigue con esta película tal vez su más rotunda obra maestra.. Producida por la Metro-Goldwyn-Mayer, con los mejores profesionales del estudio, contó con la magnífica fotografía de Robert Surtees que ilumina a la perfección tanto a los actores como los magníficos decorados de Cedric Gibbons que reconstruye con gran minuciosidad los interiores en los que se desarrolla la película.

Kirk Douglas y Lana Turner.


La fotografía expresionista pero a la vez fluida y glamourosa, unida a la excelente partitura de David Raksin realzan a la perfección ciertos momentos dramáticos de la película… todo en ella es excelso, desde la puesta en escena hasta todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la historia, narrada con gran intensidad y ritmo. * Obra canónica del clasicismo cinematográfico, rica y compleja en interpretaciones y significados, forma parte de ese género aparte de los demás denominado “cine dentro del cine” o “metacine”, mas la habilidad narrativa de Minnelli y de su guionista Charles Schnee les lleva a indagar dentro de los entresijos del mundo del cine, no de una forma intelectual y compleja sino integrando el discurso dentro de un melodrama que contiene numerosas dosis de ironía y de sarcasmo.

Una historia escrita por George Bradshaw titulada “Tribute to a badman” que inicialmente transcurría en el mundo del teatro es trasladada por iniciativa del productor de la película John Houseman al mundo del cine. Houseman, que era un hombre de cine conoció varios oficios dentro de la industria, fundó junto con Orson Welles el Mercury Theatre en 1937, trabajo como productor y guionista para los Estudios Selznick, fue consejero supervisor no acreditado en el guión de Ciudadano Kane, también fue el responsable de la primera obra importante en Hollywood de Max Ophüls Letter from an unknowm woman (Carta de una desconocida) y propicio el debut de Nicholas Ray con la magnífica They live by night (Los amantes de la noche)(1949); ganó un Oscar al mejor actor secundario por Vida de un estudiante (J. Bridges, 1973) y por supuesto aportó todo su talento y todas sus experiencias personales e hizo una gran labor en Cautivos del mal, es más la estructura narrativa tiene algo que ver con Ciudadano Kane al ser como ésta la investigación acerca de una personalidad importante, aunque con algunas variaciones sustanciales. Siguiendo con el asunto del guión, Charles Schnee construye perfectamente la historia de la película en tres partes, que corresponden a tres sucesivos flash-backs, la película se inicia y finaliza en el presente a modo de estructura circular. El enigma que se plantea: ¿Por qué es Jonathan Shields (Kirk Douglas) tan odiado por las personas que estuvieron cerca de él? es desvelado por algunas de las personas que compartieron su vida profesional, sentimental o ambas nos lo cuentan, y digo nos lo cuentan a nosotros los espectadores, porque todo lo que cuentan son los recuerdos del director Fred Amiel (Barry Sullivan); la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner) y el escritor de novelas de éxito James Lee Bartlow (Dick Powell) que se materializan en imágenes gracias a la magia del cine. 



La película es también todo un tratado de lo que significa o mejor significaba- ya que la industria del cine ha cambiado mucho- ser un productor cinematográfico durante esos años del Hollywood dorado, comprendido aproximadamente entre los años 30 y los años 50 del pasado siglo XX… un mundo glamouroso y brillante sustentando en el atrayente poder de las grandes estrellas, pero necesitado de productores con talento y cuyas personalidades aparecen reflejadas parcialmente en la película, hombres como David O. Selznick, Darryl F. Zanuck o Val Lewton este último ingenioso y brillante productor de importantes películas con presupuestos más modestos. … Hombres cruciales para que esas grandes obras maestras lograrán realizarse. No solo eran hombres que administraban el presupuesto dispuesto para la película sino que eran hombres creativos, hombres que amaban el cine y que conocían a la perfección todo lo referente a su oficio: la producción de películas, esto es la interpretación, la dirección, los decorados, la fotografía…que consistía en crear esa seductoras imágenes en movimiento que atraparon a varias generaciones de espectadores haciéndolos partícipes del cine como espectáculo inseparablemente ligado a la cultura popular. * Podría ser una historia más sacada de la prensa rosa de la época, pero la sutileza de Minnelli, su capacidad para engarzar una escena con otra sin poner demasiado énfasis en los sentimientos de los personajes muestran su maestría para el melodrama, y es que en una especie de juego sin fin descubrimos cómo a través de unas imágenes en movimiento se crean esas otras imágenes que constituirán la película, desde este punto vista The Bad and The Beautiful es posiblemente la película que mejor ha reflejado ese Hollywood clásico. En una deliciosa escena vemos como Rosemary Bartlow (Gloria Grahame) la mujer de James Lee Bartlow llega con éste a Hollywood, allí ve cómo Georgia Lorrison está tomando el sol, una más de esas autorreferencias que tiene la película…el mundo del cine y el mundo real se mezclan y se confunden a lo largo de toda la película. Documento ficcionado de una época y reflexión sobre el lado oscuro del éxito, sobre las ambiciones insatisfechas, sobre la fragilidad de los sentimientos, sobre la soledad y sobre el peso maligno de ciertas herencias familiares en el ámbito del carácter… Incisiva, brillante y mordaz, una obra descomunal en todos los sentidos… Unos actores que se creen lo que interpretan y que asumen con gran fuerza sus personajes que son como arquetipos arrugados por el paso del tiempo y de la fama, mas no sólo eso, ya que su complejidad y egoísmo es tal que Minnelli opta por no juzgarlos, simplemente nos muestran sus acciones y somos nosotros los espectadores los que tomaremos partido. Película fundamental dentro de la Historia del cine, que hace disfrutar a los espectadores sin olvidar esa carga crítica hacia un mundo brillante pero hipócrita a la vez y que muestra los problemas y los traumas de la adicción a la popularidad. Minnelli conocía muy bien ese mundo pues siempre formó parte de él.

Gloria Grahame, excepcional dama del cine negro clásico, premiada con un Oscar como Mejor actriz de reparto por ''Cautivos del mal''.

lunes, 10 de agosto de 2015

Jean Harlow, la sensual rubia platino

 ''Me trataban como si fuese una perra en celo''. Jean Harlow.



 Jean Harlow podría ser perfectamente una de las precursoras de Marilyn Monroe, por su actitud desenhibida, sensualidad, rubia cabellera y curvilínea figura -de hecho, la tentación rubia estuvo a punto de interpretarla en un biopic, debido principalmente a que Monroe consideraba a Harlow uno de sus ídolos-, al igual que ella, más reconocida por su físico que por sus cualidades interpretativas. Fue una actriz que vivió intensamente toda su breve existencia, uno de los símbolos sexuales de los años 30. Era considerada una de las intérpretes más osadas de la era pre-code de Hollywood, en la cual, solía interpretar a una vampiresa -para ella, en la vida real, el sexo era algo totalmente natural, se consideraba vox populi su colección de amantes y por consiguiente, su feroz apetito sexual-, escandalizaba a las mentes más conservadoras de América y excitaba a gran parte del público masculino de la época. Posteriormente a 1934 -en Julio de ese mismo año, se instauraría un nuevo código de censura, denominado Código Hays, que controlaba lo que se podía enseñar o no en una película-, pasaría a interpretar a la rubia ingenua o de pocas luces. Harlow era junto a Mae West y Norma Shearer, una de las estrellas que más molestaban y escandalizaban a la Liga por la Decencia, los papeles inmorales de las tres, les hicieron poner el grito en el cielo. Fue una de las pocas actrices de la época, que cambiando su perfil de chica mala a chica buena -y el color del pelo, de rubio a moreno- seguía resultando creíble y gozando de éxito.



Jean Harlow murió demasiado pronto -a los 26 años en 1937- como para demostrar su verdadera valía interpretativa -aunque personalmente, opino que mostró algunos atisbos de buen hacer interpretativo y sin duda, tenía carisma-, supuestamente se ponía en tela de juicio, si obtenía sus papeles por sus artes amatorias o por su gran talento como actriz.

A los 19 años, Jean Harlow era una prometedora estrella y a los 26 años, tras su muerte, se convirtió en una auténtica leyenda. Trabajó con los más grandes, como James Stewart, Spencer Tracy, James Cagney, William Powell o Clark Gable -con éste se llegó a afirmar que tuvo un romance y que ni él, era capaz de satisfacerla en la alcoba-. Era tremendamente natural en la pantalla, combinaba sofisticación con dosis de humor. Personificó el sexo en una época extremadamente pudorosa y recatada, una adelantada a su tiempo, sin duda. Se la acusaba de ser tan vulgar como los papeles que interpretaba, pero contrariamente a lo que algunos creían, la realidad era bien distinta. Intentaba constantemente rebelarse contra la imagen indecente y frívola que proyectaba en pantalla.

Provenía de una familia de fuertes convicciones religiosas, acomodada y respetada por la sociedad. De nombre real Harlean Carpenter, nació en 1911 en Kansas City, Missouri. Adoptó el nombre de soltera de su madre, Jean Harlow, como nombre artístico. Su progenitora de fuerte carácter y obsesionada con su hija, se divorció del padre de la actriz -un dentista de afable personalidad- en 1922. Harlean y su madre, se marcharon a Hollywood, tras matricularla en un colegio para señoritas, su madre probó suerte como actriz, pero no consiguió ningún papel y decidió regresar con su hija a Kansas City. En 1926, ambas se enamoraron. La hija se enamoró de un millonario playboy de 20 años, Charles Fremont McGrew II, dejó el colegio y se casó con él, cuando contaba con 16 años. En 1928, los recién casados regresaron a California y compraron una mansión en Beverly Hills. Pero esa vida de lujos, aburría a Harlean y deseaba encontrar algo más con lo que entretenerse. Debutó en el cine por una apuesta, sus amigos la desafiaron a ver si lograba conseguir un papel en una película. Hizo un casting y se inscribió con el nombre de su madre, acto seguido, logró un papel como extra pero en ese momento no le interesaba. Cuando su madre, se enteró del asunto, la animó a convertirse en actriz. Comenzó haciendo pequeños papeles, con Laurel y Hardy, por ejemplo. Su marido no estaba de acuerdo con que trabajara, pero la ambición y el poder que la madre de Harlean ejercía sobre su hija, terminaron destruyendo el matrimonio. Finalmente, se divorciaría a los 18 años.


Su primer papel hablado fue ''La chica de la noche del sábado'' -que estuvo protagonizado por una diva de los años 20, Clara Bow-, recitando unas pocas líneas insignificantes. Su siguiente papel, el de ''Los ángeles del infierno'' -dirigida por uno de sus amantes, Howard Hughes- fue un papel clave en su filmografía, dado que sería la película que la lanzaría al estrellato. Hughes buscaba una actriz inexperta y que trabajara por poco dinero -aunque la película, se terminó convirtiendo en una de las más costosas de la Historia del Cine-, dio con Jean Harlow y le pagó 100 dólares por semana y le ofreció un contrato por cinco años.

Su imagen de rubia platino, se convirtió en una moda y ella se hizo mundialmente conocida, con 19 años era una estrella emergente con un impresionante poder sexual. Una estrella a la vieja usanza, pero con un look y personalidad escénica poco comúnes y muy atrevidos para los años 30. Hughes sacó mucho rendimiento de su éxito, incluyendola en todas las películas posibles. El magnate ganó muchos millones gracias a Jean Harlow, pero la estrella percibió poco dinero.

Jean Harlow era consciente de sus limitaciones o carencias interpretativas. Sus primeras y penosas interpretaciones, era motivo de burlas. En 1931, el Estudio le dio la patada a Harlow, ella asumiendo su fracaso, le aseguró a su agente, que trabajaría en una tienda. Con la llegada de la Gran Depresión, Harlow fue fichada por la Metro, su salvador fue el productor Paul Bern -la MGM tenía la fama de convertir a desconocidos en estrellas y Bern era el responsable del lanzamiento de míticas luminarias como Joan Crawford, Greta Garbo y Norma Shearer- que le dio un papel en ''La bestia de la ciudad'', su interpretación dejó huella por su descaro y buen hacer, pero aún así, no le proporcionó nuevos grandes papeles. Bern quería que Louis B. Mayer comprara el contrato de Harlow con Hughes, pero éste se negó, ya que consideraba a Harlow demasiado vulgar y las estrellas que solía representar, eran unas señoras, tenían clase. Pero al poco tiempo, se demostró que Harlow cautivaba al público y se había transformado en una estrella mediática, especialmente debido a una gira que realizó por la Costa Este, en la cual, se agotaron todas las entradas. Mayer terminó cediendo. La MGM adquirió a Jean Harlow y suavizó su estilo. Bern confiaba fuertemente en su potencial y la recomendó para ''La pelirroja''. Al principio, Harlow no estaba satisfecha con el guión, dado que ya había interpretado a mujeres de dudosa reputación y en esta ocasión se acostaba con cinco actores, a Harlow le preocupaba su imagen pero Bern le aconsejó acertadamente, que interpretara su papel de secretaria come-hombres con un toque cómico -según él, Harlow poseía una extraña cualidad, que transformaba el sexo en algo cómico-.

Jean Harlow, ostentaba una imagen de mujer frívola y descarada, pero en su vida personal, parece ser, que era una ama de casa muy tradicional (aunque existen voces discordantes que le atribuyen una fama de fémina insaciable, supongo que al fin y al cabo, su obra y su vida íntima se han mezclado tanto a lo largo de los años, que resulta complicado discernir donde empieza una y termina la otra). Vivía el cine como una afición, no como una pasión. Deseaba fervientemente, dejar el cine y encontrar al hombre de su vida. En Paul Bern, halló a un nuevo amor y posteriormente, se convirtió en su nuevo marido. En 1932, se pegaría un tiro, era un hombre muy depresivo y que vivía bajo el perjudicial influjo de su ex-mujer, una persona inestable que estaba obsesionada con él y la noche de su muerte, lo visitó. Irónicamente, Harlow interpretaría en ''La indómita'' a una actriz, cuyo marido se había suicidado, el Estudio la manipulaba y terminó aceptando el papel.

''Tierra de pasión'' con Jean Harlow y Clark Gable.


Gracias a ''Tierra de pasión'' con Clark Gable cambió radicalmente la opinión de los críticos -antes consideraban que se interpretaba a sí misma- y reconocieron que realmente sabía actuar, su interpretación resulta conmovedora y picante.

Para mantener su figura, se sometió a estrictas dietas, sufría continuas alergias causadas por el maquillaje y trabajaba cerca de 20 horas todas las semanas. Detestaba a todos aquellos que no sabían diferenciar su vida privada de sus papeles. Jean Harlow, no era la típica rubia tonta, realmente era una ávida lectora. Terminó su carrera, interpretando papeles de chica buena, que supuestamente, se asemejaban más a su verdadera personalidad más allá de las cámaras.

En 1934, se enamoraría del elegante y encantador William Powell, en él, vio una especie de figura paternal -de hecho, su verdadero padre era similar a Powell y ella llamaba a su nueva conquista, Papi-.  En ''Una mujer difamada'' Harlow y William Powell realizaron memorables interpretaciones. Su sexta colaboración con Clark Gable en ''Saratoga'', sería su última película. Su enfermedad empezó como una gripe pero terminó derivando en uremia.

El 19 de mayo de 1937, en el set de ''Saratoga'', Harlow se desvaneció y recibió atención médica a pesar de las creencias religiosas de su madre, pero su estado empeoró. Fue hospitalizada el 6 de junio, Harlow, desgraciadamente, falleció a la mañana siguiente. Su muerte, dejó desolado a William Powell. Jean Harlow fue enterrada con el salto de cama que lucía en ''Saratoga'' -la película estuvo a punto de no estrenarse, pero los fans lo impidieron, se convirtió en la más rentable de toda la carrera de Harlow-. Su entierro fue uno de los más multitudinarios, parecía una superproducción. La intensa vida, fulgurante trayectoria y pícara belleza de Jean Harlow, la convirtieron en una actriz inmortal, a pesar de su repentino y trágico desenlace.        

Pier Angeli, la italiana que enamoró al icónico James Dean



  La mujer en la industria cinematográfica -extrapolable a muchas disciplinas profesionales, en realidad- siempre ha tenido las cosas más difíciles que un hombre, y más, en Hollywood donde se les exige una apariencia física eternamente agraciada y lozana -esto ha sido así de toda la vida, en el cine clásico americano, muchas divas se retiraban antes de envejecer de manera bastante notoria, ante el temor de perder su brillo a ojos del público y de la industria-. Hollywood no ansía realidad, si no, una perpetua imagen de belleza y juventud fácilmente rentable. Este hecho en el cine reciente se ha agudizado todavía más. A las intérpretes femeninas a partir de los 40 se las arrincona, pocas son las que pueden continuar haciendo buenos papeles protagonistas o secundarios en el Séptimo Arte en una etapa madura, muchas se refugian en la televisión o en el cine de otras latitudes -Kristin Scott-Thomas en el cine galo o Jessica Lange en la serie ''American Horror Story'', por poner solamente dos ejemplos-. El sexismo en el mundo del cine es una triste realidad, que podría llevarnos a un debate en esencia algo trillado, pero también estimulante y en permanente actualidad. En definitiva, las actrices siempre han estado más presionadas que los actores, ya no sólo en términos interpretativos, si no que se les pide más en terrenos superficiales, como el aspecto físico. Pier Angeli con el transcurrir de los años -y unido a su inestabilidad emocional- fue notando el peso de una industria en permanente búsqueda de carne fresca, hecho que dificultaba obtener muchos papeles de enjundia.


Anna María Pierangeli -1932-1971- fue una actriz italiana, que creció bajo la perjudicial influencia de una progenitora dictatorial y tradicional que no le permitió llevar su vida con total libertad. Su existencia estuvo también marcada por un amor frustrado, un romance difícil de juventud que mantuvo con el malogrado James Dean, al cual, nunca olvidó -de hecho, cuenta la leyenda, que el actor tampoco se recuperó de perder su amor, falleció un año después de la ruptura con Angeli en 1955 por un accidente de coche y no volvió a tener una novia oficial que le dejara tanta huella a nivel emocional como Pier, muy probablemente el gran amor de su fulgurante vida-. El intenso affaire y posterior muerte prematura del rebelde con causa Jimmy, afectaron sobre manera a una vulnerable Angeli, que no volvería a encontrar la felicidad en el terreno amoroso pese a sus intentos -se casaría en dos ocasiones y sería madre de dos hijos-, los ecos de una relación sentimental marcada por la fatalidad, siempre resonarían durante toda su existencia.


Pier Angeli procedía de una familia católica de Sardinia -Italia-, tenía dos hermanas: una gemela, la también intérprete Marisa Pavan -ambas nacidas el 29 de junio de 1932- y Patrizia. A los 16 años, cuando Angeli estaba estudiando Arte en Roma, fue descubierta en la calle por el director Léonide Moguy, que la invitó a protagonizar la película ''Mañana será tarde'' de 1949, había nacido una estrella. Sorprendió tanto su interpretación, que ganó un premio en Italia como Mejor actriz y los ejecutivos de la Metro la ficharon, ofreciéndole un contrato con su Estudio. Estaban encantados con su belleza y sencillez.




En 1951, acomete su primer papel protagonista en Hollywood, ''Teresa'' del magistral Fred Zinnemann. Su poderosa y sentida actuación, la confirma como una joven promesa a tener muy en cuenta. A esta película, le siguieron ''The Devil Makes Three'' junto al mítico Gene Kelly y el musical ''Sombrero'' con Ricardo Montálban, Cyd Charisse, Vittorio Gassman e Yvonne de Carlo, de 1951 y 1953 respectivamente. Otros títulos destacados de su irregular filmografía fueron: ''Tres amores'' -considerado uno de sus mejores trabajos y donde compartió pantalla con Kirk Douglas con romance delante y detrás de las cámaras incluido-, ''Marcado por el odio'' -desgarradora y estupenda interpretación la que lleva a cabo, en la primera película de prestigio de un casi debutante Paul Newman-, ''Amargo silencio'', ''Sodoma y Gomorra'' y ''La Batalla de las Ardenas''.



Como actriz, Pier Angeli se caracterizó por retratar con maestría a personajes de mujeres frágiles y sensibles, en consonancia con su delicado y dulce físico. No era una belleza exuberante italiana como Sophia Loren ni intensa como la de Anna Magnani, si no que más bien, pertenecía al perfil de encantadora chica corriente. Menos rotunda, más angelical. Fue una intérprete que no gozó de demasiada suerte en su profesión -más allá, de unos pocos títulos realmente reseñables-, estuvo algo perdida y desaprovechada interpretativamente hablando, con pocas ocasiones de mostrar su enorme potencial. Rodó películas entre Europa y Estados Unidos, pero según fue envejeciendo, más le costaba hallar buenos papeles. Cerró su trayectoria con ''Octaman'' en 1971, la cual, es considerada la peor película de su carrera.





El romance con James Dean

"Pier es una chica extraña, la respeto. No me gustan la mayoría de las mujeres de Hollywood, pero ella es auténtica y real". James Dean.

“Él deseaba que lo amara incondicionalmente, pero Jimmy no era capaz de querer a alguien… fue un chico problemático que buscaba ser amado excesivamente. Amé a Jimmy más de lo que jamás he amado a nadie más en mi vida, pero no podía darle la enorme cantidad de amor que él necesitaba. Amar a Jimmy era algo que podía dejar vacío a cualquier persona.” -Pier Angeli-.

                                                    


Con James Dean siempre se ha especulado en lo relativo a su orientación sexual -muchos rumores apuntaban a su presunta homosexualidad, de hecho, algunos biógrafos suyos así lo afirmaban-, otras personas que lo conocieron en vida de manera cercana, defienden otra versión, como Dennis Hooper -compañero en ''Rebelde sin causa'' y ''Gigante''-. Lo cierto es que Jimmy fue una persona misteriosa  y compleja en el terreno afectivo, seguramente a causa de una complicada infancia y posterior adolescencia, con abusos sexuales de por medio -su amiga Elizabeth Taylor desveló, en unas declaraciones que se harían públicas después de su fallecimiento por expreso deseo suyo, que Dean había sido violado por un pastor en reiteradas ocasiones-.

En la época que en Pier Angeli se encontró por primera vez con Jimmy, estaba trabajando en una película que no resultó satisfactoria ni para los críticos ni para el recién llegado al cine Paul Newman -fue una cinta de la cual siempre se avergonzó- ''El cáliz de plata''. Corría el año 1954, un debutante James Dean filmaba en un set cercano su debut cinematográfico ''Al Este del Edén'', se aproximó al rodaje de ''El cáliz de plata'' para saludar a Newman y a otro amigo, ambos le presentaron a Pier Angeli. Fue un encuentro que cambió sus vidas para siempre, ya que aunque su romance fue bastante breve, era una relación especial, de gran intensidad y comprensión mutua. James Dean se encontraba en una situación profesional similar a la de Pier, los dos estaban iniciando su carrera en Hollywood. La atracción física fue inmediata. Parece ser, que eran polos opuestos que se complementaban, Pier era una joven tranquila y conformista, Dean por el contrario, era un chico rebelde y salvaje. Poco a poco, la relación se fue afianzando, y la influencia directa de Pier benefició a la personalidad de Dean, volviéndole más amable y abierto en el trato y además aportándole estabilidad a nivel sentimental. Y James, le insufló emoción y diversión a la vida de Angeli.


“Éramos como Romeo y Julieta, juntos e inseparables. A veces, nos amábamos tanto, que simplemente, queríamos caminar cogidos de la mano cerca del mar, porque sabíamos que estaríamos juntos para siempre.
No pretendíamos suicidarnos. Amábamos nuestra vida y simplemente, queríamos estar cerca el uno del otro para toda la eternidad. ”- Pier Angeli.
 

Lo que aparentaba ser un romance idílico, se topó con la oposición de la controladora madre de Pier Angeli, la cual, no aceptaba como pretendiente de su hija a Dean, por no ser católico y ostentar fama de rebelde -meses antes de Dean, Angeli había tenido un breve idilio con Kirk Douglas, que tampoco era visto con buenos ojos-. Obligó a su hija a dejar la relación e incluso intentó que la Warner los separara. Pier profundamente enamorada de Jimmy, no admitió el ultimátum de su progenitora y abandonó el hogar para casarse con Dean. Pero este último no estaba convencido de dar ese importante paso -deseaba esperar a que se asentara su carrera y después tomar una decisión-, Angeli interpretó que si tantas dudas albergaba sobre este matrimonio, es que realmente no la amaba. A partir de la indecisión de Dean, la relación se fue enfriando cada vez más. Y Angeli terminó por ceder a los anhelos de su madre, casándose con un hombre serio y católico. Vic Damone era un joven cantante que Pier conoció durante un rodaje en Alemania tres años antes, una estrella emergente de la Metro en ese momento. James Dean quedó desolado y con el corazón roto debido a la ruptura y posterior enlace de Pier con Damone. Se asegura que asistió a la boda eclesiástica de Pier con Damone, esperando fuera a que los novios salieran, haciendo ruido con el motor de su motocicleta y llorando bajo la lluvia. Se aceleró la ceremonia para evitar cualquier imprevisto. Siguió manteniendo un contacto regular con ella, ya que la extrañaba mucho, hasta que Pier se quedó embarazada de su primer hijo Perry.






Pier Angeli falleció el 10 de Septiembre de 1971 a los 39 años, debido a una sobredosis de barbitúricos. Tremendamente deprimida, arruinada económicamente y con una carrera interpretativa hundida, en una carta que le dejó a un amigo antes de su muerte, confesaba su amor eterno al legendario James Dean: ''Mi amor murió al volante de un Porsche. Hace 17 años que he estado sola, desesperadamente sola. Quiero encontrar la paz y ser libre para estar finalmente con Jimmy y mi padre de nuevo''.

 

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