viernes, 29 de agosto de 2014

Especial Audrey Hepburn, la dulzura hecha actriz (IV): El tenso rodaje de ''Sabrina''

 ''Sabrina'' tuvo una filmación muy difícil. Los problemas se sucedieron a lo largo de la fase de pre-producción y sobre todo, durante el posterior rodaje.




Complicaciones a la hora de trasladar el material teatral al medio cinematográfico


Durante los años 40 y 50, era frecuente que los estudios de Hollywood compraran los derechos de obras de teatro (incluso antes de su estreno oficial) que creían que tenían un enorme potencial para el cine. ''Sabrina Fair'' de Samuel Taylor, se estrenaría en Broadway en Noviembre de 1953, pero mucho antes de su estreno, la Paramount ya se había hecho con los derechos para su adaptación cinematográfica.
Samuel Taylor se desplazó a Hollywood para supervisar el guión cinematográfico junto a Billy Wilder. Sin embargo, ninguno de los dos, llegaron a ponerse de acuerdo. Wilder pretendía cambiar radicalmente la obra para hacerla más accesible al gran público, perdiéndose por el camino, la delicadeza, inteligencia y profundidad del material original. Tras dos meses de trabajo, Taylor fue totalmente consciente de las intenciones de Wilder y en sus palabras, estaba banalizando excesivamente su comedia. Enfadado pero cordial, se retiró del proyecto. Samuel Taylor comprendía que eran necesarios los cambios, añadidos y las transposiciones, pero no aceptaba que se modificara por completo la comedia y su sentido, ya que con estas maniobras de Wilder, sus personajes, los temas y por extensión el material entero, se volvieron irreconocibles. Ante la renuncia de Taylor, se contrató a Ernest Lehman (''El rey y yo'', ''Chantaje en Broadway'', ''Con la muerte en los talones'' o ''Sonrisas y lágrimas'') pero de nuevo, hubo problemas. La tozudez de ambos, cristalizó en una relación profesional complicada, o directamente hostil. A pesar de estos roces, siguieron con el guión, aunque cuando el rodaje se inició a principios de Octubre, todavía no estaba terminado.


Error garrafal de Wilder: escoger a Bogart


Cary Grant era la elección principal de Billy Wilder, pero al igual que con ''Ariane'' rechazó el papel por temor a verse ''demasiado'' viejo al lado de la jovial Audrey Hepburn. Fue entonces, cuando el genial cineasta, tomó una decisión desafortunada (años después, confesaría que esta elección fue totalmente equivocada, aunque intentaran por todos los medios adaptar el personaje a este intérprete, incluso cambiando algunos diálogos, no hubo manera): le ofreció el papel a Humphrey Bogart (en mi opinión, el actor menos indicado para un personaje de estas características). Bogart tenía en aquel momento 54 años, pero debido en gran parte a su prolongada adicción al alcohol, aparentaba bastantes más. Pero lo esencial es que, no daba el perfil para ese tipo de personaje (Bogart era un actor limitado, que clavaba el antihéroe de personalidad dura y en ocasiones, de moralidad dudosa, pero que no terminaba de colar como galán romántico y sentimental al uso, y encima, en un género como la comedia romántica, más restrictivo y demandante de lo que aparenta superficialmente, que necesita de actores muy específicos y con una determinada fisonomía (por ejemplo, con grandes aptitudes para el humor o con una capacidad innata para simpatizar fácilmente con el público), el rostro tan férreo de Bogart crea distancia y por consiguiente, dificulta la empatía del espectador, lo cual, imposibilita su solvencia en este registro). La nula química y credibilidad de Audrey Hepburn y Bogart como pareja, es lo que más lastra a este ligero divertimento.

Humphrey Bogart, dio problemas en el rodaje desde el principio. Estaba descontento con el personaje que le había tocado en suerte y se creó en su mente, la fantasía de que Billy Wilder, Audrey Hepburn y William Holden, estaban en su contra. En el set, mantuvo una actitud déspota, arrogante y cruel. Siempre que tenía oportunidad, metía cizaña, insultando o humillando a sus compañeros de reparto y al director. Bogart en aquella época, era una estrella en decadencia, que se sentía amenazado por jóvenes talentos como Audrey Hepburn y William Holden, que pisaban fuerte. Muchos miembros del equipo de la película, calificaron el rodaje de ''auténtico campo de batalla''.

Audrey (que secretamente era amante del también alcohólico William Holden) intentó no seguirle el juego a Bogart, haciendo caso omiso a las provocaciones del actor, que especialmente en una escena iban dirigidas hacia ella, resulta que la dulce y paciente Audrey, mientras rodaba una determinada secuencia junto a él, se olvidó de dos frases, hecho insignificante, que aprovechó Bogart para lanzarle un dardo envenenado.


Las constantes tensiones del rodaje hicieron mella en el resultado final. ''Sabrina'' es una película digna pero bastante irregular, que se sustenta en el eterno talento y encanto de una actriz de exquisita sensibilidad como es Audrey Hepburn y en el buen hacer de Billy Wilder (a pesar de un guión vacuo, que eliminó los diálogos inteligentes y cargados de dobles sentidos de la versión teatral).
''Sabrina'' tiene una clásica estructura de cuento de hadas (una cenicienta que se convierte en princesa, es decir, una humilde jovencita que muta en una sofisticada mujercita), pero posiblemente con un guión más fiel al material teatral y sobre todo, con Cary Grant en el personaje que se le terminó asignando a Bogart, habría funcionado mejor. Los personajes, especialmente el de Sabrina, se vieron notablemente vulgarizados con tantas modificaciones en el guión (de hecho, la Sabrina teatral, interpretada por una maravillosa Margaret Sullavan, poseía más aristas y hondura que su homóloga cinematográfica). Digamos, que ''Sabrina'' de Wilder, desprende más glamour y encanto, que verdadera solidez. Personalmente, aunque es una comedia que gozó de menor aceptación y que suele ser frecuentemente criticada, prefiero ''Ariane'', también con Audrey en el papel principal y dirigida de nuevo por Wilder, también imperfecta pero en mi opinión, de resultado más satisfactorio.



Audrey Hepburn, en aquel tiempo, era una prometedora actriz, que había ganado un Oscar recientemente por su debut cinematográfico en ''Vacaciones en Roma''. Intérprete tremendamente insegura e introvertida durante toda su vida, tenía encandilado a Hollywood por su talento innato, elegancia natural y físico tan personal (en una época, donde reinaban estrellas con una figura curvilínea como Marilyn Monroe o Elizabeth Taylor, Audrey era algo totalmente nuevo). Aunque al mismo tiempo, los ejecutivos del Estudio, estaban preocupados por su escasez de pecho y por su figura de muchacho, intentaron disimular estas carencias. Audrey siempre se negó a este tipo de artimañas, era consciente de que probablemente tenía un cuerpo imperfecto o poco femenino para los cánones imperantes en aquella época, pero se aceptaba cómo era.

''Sabrina'' fue una de las películas de su trayectoria, que más contribuyeron a convertirla en un icono de moda y marcó su primera colaboración con Givenchy (posteriormente, se volverían amigos íntimos y diseñaría muchos vestuarios para sus filmes). Audrey recurrió primero a la famosa Edith Head (modista habitual de la Paramount, y que, anteriormente, se había encargado de vestirla en ''Vacaciones en Roma''), pero esta vez, no se entendieron. Así que, Audrey decidió viajar a París y buscar el vestuario adecuado para su personaje. Una vez allí, acudió al taller de Hubert de Givenchy. Al joven diseñador, cuando le anunciaron su llegada (antes de verla), creyó que se trataba de Katharine Hepburn y se sintió decepcionado, al descubrir a otra Hepburn distinta. Givenchy con tanto trabajo, no tenía el tiempo necesario para confeccionar un vestuario exclusivo para ''Sabrina'', pero le aconsejó a Audrey, que buscara lo que le interesara entre los diseños ya creados (aunque debido a la insistencia de la actriz, Givenchy cedería y los adaptaría a sus gustos). Fue el comienzo de una afectuosa relación que duró unos cuarenta años. Audrey era una persona tan noble, que solía hacerse querer.

jueves, 28 de agosto de 2014

Jacques Demy y su fabuloso universo encantado

''Intenté luchar contra la creencia de que los musicales no podían hacerse en Francia. ''West side story'' y muchos musicales de Stanley Donen han funcionado bien en territorio francés y eran increíbles. No se han hecho muchos musicales en Francia, pero cuando lo hemos intentado como con ''Let's Go to Deauville'' o ''Let's Go to Montecarlo'', hemos creado una atmósfera de ensueño, estaban llenas de luminosidad y encanto''.  Jacques Demy.

Jacques Demy

 Jacques Demy, procedía de Nantes (Francia), era de origen humilde (padre mecánico y madre peluquera), fue un cinéfilo precoz como tantos otros legendarios cineastas, ''Las películas fueron mi único amor. Empecé a ver cine a los 9 años, principalmente eran películas de Chaplin. Compré mi primera cámara con 13 años. Por consejo de mi padre, estudié carpintería, calderería y electricidad en una escuela vocacional. Quería irme de casa y hacer películas'', relataría el propio realizador. Era un apasionado del arte, desde la pintura, el cine y el teatro hasta los espectáculos de marionetas o títeres. Fue un niño creativo (dibujando, creando sus propias marionetas, etc), despierto y soñador. Tuvo una infancia generalmente feliz (su familia era aficionada al cine y a la música), hasta el estallido de la II Guerra Mundial y la posterior ocupación alemana ''No tengo casi recuerdos duros, hasta los 12 años, con la guerra. Hubo un bombardeo en Nantes el 7 de Septiembre de 1943, fue una experiencia horrible. Y cuando tienes recuerdos como esos y tengo una memoria muy vivida, desde ese momento nada importaba ya. Después de algo tan horrible como aquello, tienes el sentimiento de que nada peor puede ocurrir jamás. Y es, a partir de ahí, cuando empiezas a crear un mundo de fantasía''. 

Jacques Demy dirigiendo a Françoise Dorléac y Michel Piccoli en ''Las señoritas de Rochefort''.
 
''Para Jacques, la infancia era un tesoro. Y la suya, una fuente de inspiración constante para sus películas''. Agnès Varda.


Jacques Demy, fue junto a François Truffaut, uno de los mayores románticos surgidos de la Nouvelle Vague (el estilo de Demy, era también generalmente clásico, melancólico y sentimental, se alejaba bastante de la tendencia innovadora predominante del famoso movimiento artístico francés, que abogada principalmente, por la experimentación formal, la crítica social y la agitación política a la hora de hacer y entender el cine). Los cineastas de la Nueva Ola Francesa estaban fuertemente influenciados por el Neorrealismo Italiano y el cine de la era dorada de Hollywood. Demy aunque también bebía del cine americano (de los grandes clásicos musicales USA especialmente) iba a contracorriente en esta corriente artística renovadora gala, con su magnífico universo encantado, colorido y poderosamente romántico, las obras del guionista y director Jacques Demy desprenden una belleza, sensibilidad, encanto y delicadeza, que cautivan. Dentro de las características esenciales de la obra de Demy (el marcado tono naif, el mundo colorista y los diálogos cantados), ''La bahía de los ángeles'' es la otra cara de la moneda, posiblemente, la cinta más decadente, sobria y desgarrada de su filmografía, siendo la favorita de su hijo, el actor Matthieu Demy (único vástago biológico de su duradero matrimonio con Agnès Varda). En ella, se cuenta la historia de una mujer cada vez más a la deriva debido a su ludopatía, encarnada de manera soberbia por la gran y mítica Jeanne Moreau.

''La bahía de los ángeles''

Demy es descrito como una persona muy humana, cariñosa y amable, pero también perfeccionista y exigente en los rodajes, tenía fama de dejar poco margen a la improvisación actoral, manteniendo todo bien atado desde el principio. Demostró una maestría genial para los musicales (ganó una Palma de Oro, por la maravillosa ''Los paraguas de Cherburgo'', sin duda, su obra cumbre), introduciendo exquisitos diálogos cantados, que servían a la perfección, para enfatizar los sentimientos de los personajes, otorgandoles una mayor resonancia y autenticidad. Su compositor habitual, Michel Legrand, componía partituras deliciosas y mágicas, que remarcaban todavía más el carácter ensoñador y nostálgico de sus películas y las engrandecía de manera muy notable. ''Trabajaban bien juntos. Cuando Michel encontraba una buena melodía, Jacques nos llamaba para escucharla. Y decía 'Ahora viene el tercer pañuelo'. Realmente querían conseguir que el público llorara'' (Agnès Varda).

''Los paraguas de Cherburgo''

Realmente, considero que es un director no lo bastante explorado por el público cinéfilo, al margen de su éxito más internacional (''Los paraguas de Cherburgo'') posee en su filmografía, grandes joyas ocultas como ''Las señoritas de Rochefort'', ''La bahía de los ángeles'', ''Estudio de modelos'' o ''Una habitación en la ciudad'' y películas aunque menores, interesantes como ''Lola'' o ''Piel de asno''.

Gracias a la genial acogida internacional de ''Los paraguas de Cherburgo'', Jacques Demy empezó a soñar con Hollywood, rodando su primera película en USA, la es que considerada como la segunda parte de ''Lola'', ''Estudio de modelos''. Para el papel protagonista masculino principal, su elección personal era el semidesconocido por aquella época Harrison Ford, pero los productores no lo vieron con buenos ojos. Fue, por tanto, una experiencia no demasiado grata a nivel profesional, aunque en lo personal, le permitió probar otro tipo de vida durante dos años, el llamado ''american way of life''.

Jacques Demy, debutó con ''Lola'', la cual suponía un cariñoso homenaje a Max Ophuls. Concebida como una gran comedia musical, fue definida por el propio realizador como un musical sin canciones. Iba a costar en principio 250 millones de francos, sería filmada en color y en scope, con bailes, canciones y gran vestuario, pero el productor De Beauregard (que lo había conocido mediante su amigo Jean-Luc Godard) le dijo a Demy... ''Mira, es un gran proyecto, pero ''Al final de la escapada'' costó 32 millones y si puedes hacer el tuyo por 35, está hecho. Si no es así, no cuentes conmigo''. Con la escasez de recursos económicos para recrear el proyecto tal como lo había concebido Demy desde sus orígenes, tuvieron que prescindir de canciones, grandes vestuarios y todo lo demás, para finalmente filmarla en blanco y negro, con cinco personajes y un equipo técnico reducido, ''Se rodó en 5 semanas, sin sets, vestuarios o luces'', confesaría el propio cineasta.


Catherine Deneuve fue su musa, es el autor que la convirtió en estrella y uno de los directores que mejor la supo manejar en pantalla (colaboraron en cuatro ocasiones). ''Conocí a Jacques cuando yo era muy joven durante un evento formativo. Fue la persona que más me marcó y eso significa mucho. Muy pocos directores han jugado ese papel crucial en mi carrera. Él fue el primer gran director que conocí''. Deneuve no fue la única gran figura cinematográfica con la que Demy tuvo la oportunidad de trabajar, por sus manos, pasaron gente tan grande como Anouk Aimée, Gene Kelly, Marcello Mastroianni, Jean Marais o Jeanne Moreau, etc. 


Su pasión cinéfila nació en un cineclub de Nantes, en el cual, aprendió a amar y a estudiar el cine, descubriría allí a muchos cineastas imprescindibles como Dreyer, Bresson, Renoir, Ophuls, Orson Welles o Luchino Visconti, etc. Y empezaría a apreciar los grandes musicales americanos que le marcarían e influirían posteriormente. ''Las señoritas de Rochefort'' fue su particular versión de los clásicos musicales americanos desde su perspectiva marcadamente francesa.

''En los últimos años, escribía recuerdos de su niñez. Y me hablaba mucho de ellos. Las anécdotas accedían a su memoria, nombres aparentemente olvidados o detalles repentinos. Él hablaba de la diminuta cocina, núcleo esencial de la vida familiar. Hablaba sobre todo de su madre, que era quien allí dirigía y organizaba todo. Le gustaba evocar los domingos en que paseaba en familia y las horas pasaban tranquilamente. Había vivido lo que él llamaba una infancia feliz''. Agnès Varda.


Jacques Demy elaboró un cuerpo de trabajo de vocación claramente onírica y liviana (aunque con una memorable carga melancólica inherente, que impregna la mayoría de sus creaciones), era un autor firmemente interesado en hacer soñar, emocionar y entretener al público por encima de todo, su cine sirve como perfecta vía de escape a los problemas cotidianos, más que como un ejercicio de reflexión social o política. Sin duda, es un director anómalo dentro de la cinematografía francesa, pero Jacques Demy es sinónimo de cine de calidad, imaginativo, personal y audaz.

La implicación de Demy con la Nouvelle Vague no está lo suficientemente esclarecida, hay voces contrapuestas, unos señalan que (aunque sea tangencialmente) parte de su obra sí está asociada a estos revolucionarios cineastas que agitaron los cimientos del cine galo más convencional, y otros, directamente no lo engloban dentro del grupo más reconocible de autores abanderados de esos aires de cambio (François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Claude Chabrol y Eric Rohmer). Lo que sí se puede afirmar, es que Demy fue un cineasta valiente y fiel a sí mismo, que apostó y se especializó en un género como el musical, en un país en el cual (en aquel momento) no había mucha tradición de este estilo de cine tanto amado como despreciado. Los filmes de Jacques Demy, rebosan vida, emoción y jovialidad.


jueves, 17 de julio de 2014

Jean Seberg, frágil y eterno icono femenino de la Nouvelle Vague


 Jean Seberg, fue una actriz especial y no lo suficientemente valorada en su época, a pesar de tratarse de una de las intérpretes más humanas, sensibles y sutiles que han pasado por una pantalla de cine. Poseedora de una mirada entre la sensualidad, dulzura, malicia y melancolía, capaz de transmitir muchos sentimientos, a través de unos ojos azules preciosos y realmente expresivos. De presencia etérea y belleza frágil y angelical, también demostró a su vez, ser una estupenda actriz de carácter, aunando fortaleza y vulnerabilidad a partes iguales (el ejemplo más representativo de esta dual personalidad fílmica, es su fantástica y compleja interpretación de una esquizofrénica en la magnífica cinta de Robert Rossen ''Lilith'', posiblemente, la creación más completa y difícil de toda su carrera). Jean-Luc Godard se encaprichó con ella tras descubrirla en sus trabajos con Otto Preminger y consiguió que fuera la protagonista femenina de ''Al final de la escapada'', una de las películas más importantes de la Nueva Ola Francesa y de la Historia del Cine en general, cinta clave en su filmografía que la convertiría en un icono de la modernidad cinematográfica del siglo XX y en una de las musas más representativas de esta corriente artística renovadora gala. Era una estrella rebelde y apasionada que no terminó de encajar en la industria cinematográfica americana, negandose a amoldarse a ella. Su carrera se desarrolló entre Estados Unidos y Francia principalmente (aunque también incursionó en el cine español en una película dirigida por Juan Antonio Bardem y junto a la popular Pepa Flores ''La corrupción de Chris Miller). A partir de los 20, Jean Seberg tuvo muchos amantes, maridos y aventuras, entre los cuales, se encuentra el escritor mexicano Carlos Fuentes, Clint Eastwood, el director español Ricardo Franco (ella ayudó a financiar ''Pascual Duarte'' y posteriormente, su última película ''Lágrimas negras'' sirvió de homenaje a la actriz) o Romain Gary, etc.  


Descubierta por el maestro Otto Preminger (con el que mantendría eternas confrontaciones), famoso por su tiranía con sus actores, Jean Seberg con solamente 17 años, fue escogida para interpretar a Juana de Arco (en un casting por el que pasaron 18.000 aspirantes). La película no tuvo una recepción muy buena, pero ya se intuía el innegable potencial interpretativo de la Seberg, así como su magnetismo y el poder de fascinación que proyecta su expresivo y personal rostro. Preminger, confiando en la valía de esta prometedora jovencita, cuenta con ella para otra producción, la melancólica y excelente ''Buenos días, tristeza'', en la cual Seberg firma uno de sus trabajos más potentes y sentidos.


Jean Seberg haciendo una audición para ''Santa Juana'' de Otto Preminger.


''Vengo de las Grandes Llanuras de Estados Unidos. Iowa significa John Wayne, Ronald Reagan y yo. Como dicen es un país ''WASP'' (Blanco Anglosajón y Protestante). Es muy estricto, tiene una educación religiosa estricta. Para desvincularte, para escapar de todo eso, te conviertes en escritor o actor. Me criaron estrictamente como luterana, con todo lo que implica, por desgracia, sobre la culpa. No soy una practicante fiel. Puede que por reacción, he tendido a alistarme a otra cosa, en la izquierda'' (Jean Seberg). 

''En el camino entre ser una chica de pueblo y una estrella de cine, ella acabó desviándose. Supongo que quería ser las dos cosas, pero nunca supo quién era''. Clint Eastwood (amante ocasional de Jean Seberg, durante un breve período de tiempo, a raíz de filmar juntos ''La leyenda de la ciudad sin nombre'').


Criada en el pueblo obrero de Marshalltown (Iowa) e hija del farmacéutico Ed Seberg, Jean Seberg descubrió desde temprana edad su vocación artística: ''Quise ser actriz desde los 12 años, que fue cuando ví por primera vez una película de Brando ''Hombres''. Fue la primera vez que me impresionó la fuerza que puede tener un actor y lo que puede conmover. Enseguida, me puse a leer todo lo que pude sobre Marlon Brando. Leí que odiaba la publicidad y que adoraba la calma, así que le escribí una carta en la que le invitaba a venir a vivir con mi familia a Marshalltown''. Seberg terminó conociendo a Brando años más tarde y le preguntó si todavía seguía en pie la invitación.

''Mis padres estuvieron de acuerdo con Jean cuando quiso hacer audiciones. Pensaron que sería el final. Cuando le pidieron que hiciese una audición con Otto Preminger, se preocuparon más. Cuando consiguió el papel, todos nos pusimos muy nerviosos, estábamos abrumados y bastante preocupados'', su hermana Mary Ann Suey Seberg, se confiesa acerca del clima de incertidumbre y preocupación que rodeaba a la familia durante los primeros pasos artísticos de una prometedora Jean Seberg. En Marshalltown, era una jovencita muy popular, la describían como bella, encantadora, divertida, emocionante y arriesgada: ''Jean era muy divertida. Siempre era divertido estar con ella. Creo que una cosa que la diferenciaba, era esa compasión que sentía por los demás. Muchos de nosotros nos divertíamos, mientras ella se preguntaba por qué se hacían las cosas. Mary Ann Suey Seberg -hermana de Jean-. ''Era muy adelantada a su tiempo, en muchos aspectos. Cuando tenía 14 años, se unió a la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color. Con 14 años, ninguno de nosotros formaba parte de la asociación... Te lo garantizo, pero Jean sí. Imaginatelo. Marshalltown, un pueblo de Iowa, se le quedaba pequeño. Fue muy interesante crecer con Jean Seberg.
Pasión era su segundo nombre. Todo lo que hacía, lo hacía con pasión. Con ésto me refiero a novios, posturas políticas y que alguien le sugiriese que podía saltar al panorama internacional y ser la próxima santa Juana'' (Bob Norris, amigo de la infancia).

''Santa Juana'' de Otto Preminger, debut cinematográfico de la inmortal Jean Seberg.


 El 13 de Noviembre de 1956, cuando Jean cumplió los 18 años, voló a Londres para el rodaje de ''Santa Juana'' de Preminger, su corazón latía con fuerza. Llevaba consigo una Biblia de cuero blanco, fotos de sus padres, el símbolo de Marshalltown y una mazorca de maíz dorada, para que le diesen suerte. Sin embargo, al llegar a los Estudios Shepperton, su ilusión se vio empañada, ante el clima hostil que se encontró por parte de Preminger, decidido a perturbarla. Jean Seberg, hizo todo lo posible para complacer al tiránico maestro, pero cada noche, tras el rodaje, sollozaba a escondidas: ''Es un tanque, es un hombre con muchísimo talento, es muy inteligente y listo, pero es una persona que aplasta y que aterroriza a la gente. Intimidaba mucho, gritaba... Es de la clase de persona que te insulta, que grita, que chilla. Gradualmente, me convertí en una especie de tortuga, me refugiaba en mí misma, cada vez más'', Jean Seberg rememorando su complicada relación con el mítico realizador. ''Después de 'Santa Juana', la criticaron, a ella y a la película. Estaba decidida a hacer un mejor trabajo la próxima vez. No recuerdo que Jean dijese 'Ya es suficiente, ésto es muy duro, no quiero hacerlo'. Siempre había algo más que quería hacer'', comenta su hermana.
Preminger pese a lo estricto, exigente y duro que era, admiraba el talento y la fuerza interior que derrochó Jean Seberg durante su primer rodaje juntos, aguantando los malos modos del cineasta. Repitieron poco después, en la nostálgica ''Buenos días, tristeza''.

Cartel japonés de ''Buenos días, tristeza''.

Jean Seberg completamente decidida a superarse artísticamente y demostrarle a Preminger que sí era una buena actriz, se preparó a fondo para interpretar su memorable papel de Cécile en esta película, se mudó sola a Niza, aprendió francés, hizo todo lo que pudo para tener éxito y lograr resultar creíble en un personaje tan demandante: ''Si me aplico, si trabajo mucho, si adoro mi vida y a los demás, lo conseguiré'', le aseguró a su familia. Gracias a un joven crítico y posterior magnífico autor François Truffaut, ''Buenos días, tristeza'' despertó la gloria de Jean Seberg: ''Cuando Jean Seberg está en pantalla, sólo la miramos a ella. Su mirada es preciosa, sus gestos son elegantes. La forma de su cabeza, su figura, sus andares, todo es perfecto. Su atractivo sexual no se ha visto antes en pantalla. Independientemente, de que vaya con falda, vestido, bañador o con camisa de hombre con los extremos anudados en el vientre, o con una blusa discreta. Jean Seberg con sus ojos azules y los reflejos de travesura masculina, carga sobre sus pequeños hombros toda la película, que no es más que un poema de amor de Preminger para ella''. Truffaut contribuyó enormemente a que Jean Seberg fuera considerada una gran actriz y le abrió las puertas de la cinematografía gala, al igual que Godard: ''Fue gracias a la Nouvelle Vague. Eso fue. Especialmente por Truffaut, que en esa época, era crítico y me defendió, no como los otros críticos y Preminger. Creo que Truffaut y Jean-Luc Godard, quisieron que saliese en ''Al final de la escapada'' con Jean-Paul Belmondo, cosa que me ayudó'' (Jean Seberg).

Jean-Paul Belmondo con Jean Seberg en la mítica ''Al final de la escapada''.

Jean Seberg aterrizó en Paris un mes antes de comenzar a rodar ''Al final de la escapada'' (una película que marcaría a fuego, su carrera). A principios de Agosto de 1959, conoció a Godard. ''El primer día de rodaje fue muy raro. No rodó casi nada. Observaba al pequeño equipo. Le parecían aficionados. Rodaban sin sonido y Godard hablaba durante las tomas. Él le daba el texto a última hora, era el método de Godard. A ella le parecía muy extraño, así que quiso dejarlo después del primer día. Sin embargo, continuó, intrigada por lo que sucedía. En medio del rodaje, Seberg vio que, con estos métodos, Godard estaba captando, lo que definió como algo natural, verdadero y auténtico en ella. La verdad. Es lo que quedará''.


Jean Seberg junto a Romain Gary.

''Conocí a Romain (Gary) cuando tenía 21 años. En ese momento, estaba casada. No iba bien, pero estaba casada con un joven francés, que quería conocer al cónsul francés de Los Ángeles y que me llevó al consulado para dejar su tarjeta. Conocí a Romain, que era el cónsul y nos enamoramos'' (Jean Seberg). Tenía 24 años más que ella y no tenían mucho en común (diferentes orígenes, idioma o cultura), sin embargo, un día de 1959, el autor de ''La promesa del alba'' y la actriz, comenzaron una gran historia de amor, que daría mucho que hablar. En el verano de 1962, Jean Seberg vivía sumida en el secreto, tras el nacimiento de su hijo Diego (oculto, para no poner en peligro, el divorcio de Gary y no comprometer la carrera de Jean en Hollywood con un escándalo), firmó con el Estudio Columbia, en el cual, le ofrecieron la película de Robert Parrish ''In The French Style''. La cinta marcó su regreso al cine americano, tras un parón de tres años. Truffaut que la alabó como actriz anteriormente, le ofreció el papel como protagonista femenina de ''Fahrenheit 451''. La actriz quería trabajar con este director proveniente de la Nouvelle Vague, pero al final, François Truffaut escogió a la también estupenda Julie Christie. Jean Seberg se quedó muy decepcionada y le escribió una amable carta: ''Sólo pido poder trabajar algún día contigo. Espero que surja otra oportunidad. Te envío mis mejores deseos para ''Fahrenheit''. Desgraciadamente, nunca tuvieron la oportunidad de colaborar juntos en una película.

''Creo que todas las actrices tienen túneles. Ya en mi carrera, había tenido momentos en los que pensé 'Me han olvidado. No volveré a trabajar'. Era infeliz y no encontraba películas que hacer. El problema es que los actores somos como caballos de carrera. Lo pasamos mal cuando la carrera se cancela''. Jean Seberg.

Jean Seberg protagonizó ''Lilith'' al lado de Warren Beatty.

''Lilith'' fue el papel de su vida, según ella misma aseguraba (afirmación con la cual coincido). Fue la última película que filmó Robert Rossen. Este complicado papel de una esquizofrénica, contribuyó todavía más a su deterioro mental, resultandole difícil discernir realidad y ficción: ''Quería hacer una película en la que pudiese intentar no mentir. Todas esas películas, en las que se ve a la gente, gritar y gesticular, están absoluta y vergonzosamente mal. Lo cierto es que la locura, excepto la locura total, no se puede fotografiar. Es como una cámara que tiene mucha definición y luego saca todo borroso. Luego vuelve a estar definido y de nuevo, borroso. Es algo fascinante y nosotros no lo mostramos. Eso es lo que me mata. Esa gente es la más brillante, lúcida, sensible, dulce y graciosa y de repente, sucede eso y es horrible'' (Jean Seberg).


Comprometida con la lucha por la igualdad racial (formaba parte de los Panteras Negras, lo cual propició que fuera investigada por el FBI). Durante el verano que rodó ''Lilith'', creció el movimiento por los derechos civiles y se preparó la marcha en Washington en Agosto de 1963, liderada por Martin Luther King. Marlon Brando también fue otro de los rostros conocidos que apoyaron intensamente la causa de los negros. Jean Seberg, trabajó mucho para ayudar a la gente de color. Aunque era americana se sentía incómoda en esa sociedad que promulgaba el odio y la discriminación entre razas (y en el aspecto profesional, cada día, estaba más desilusionada con los papeles le llegaban desde Hollywood). ''Me enfurece que aquellos que tienen que conocer la industria del cine, vengan aquí, como ya ha sucedido y que no conozcan a Truffaut y que no sepan que Belmondo es una estrella en Europa. Todo está tan cerrado, que parece algo lunar. Parece que estás en otro planeta. No me gusta'' (Jean Seberg).

Jean Seberg buscaba insistentemente su lugar, sintiendose una extranjera en todas partes. ''Echo de menos Iowa, especialmente el verano, ya que recuerdo las vacaciones en la granja de mi tío. Sueño con tener algún día una casa cerca de Marshalltown, con muchas tierras y muchos animales. Ese viejo axioma, es cierto, no puedes quitar la granja a la chica''.


Su último marido Romain Gary, acrecentó su actividad literaria. La actuación y la escritura solían separarlos, pero, cuando podían, viajaban juntos e intentaban verse. Jean Seberg acompaño a su marido a Budapest y él asistió al rodaje de ''La ruta de Corinto'' de Chabrol en Grecia. Romain soñaba con la cinematografía, albergaba el deseo de dirigir una película. En 1968, adaptó una de sus novelas al cine, ''Los pájaros van a morir al Perú'' y le dio el papel de Adriana a su esposa Jean Seberg (un personaje que había sido creado a su medida). En la cinta, había escenas eróticas y secuencias de una gran dificultad a nivel interpretativo. Lo que debía de ser una prueba de amor hacia su mujer, se convirtió en un cáliz envenenado. El filme, en vez de unirlos, los distanció.  

''Hay muchas películas que no conozco. Ví unas cuantas cuando estaba viva. Le pareció divertido llevarme a ver ''Aeropuerto'', que había sido un éxito en Estados Unidos. Ví ''La leyenda de la ciudad sin nombre'' porque fuí al rodaje, fue magnífico. Fue un momento en el que me sentía cerca de mi madre. Mi madre tuvo una aventura con Clint Eastwood, es una pena, porque creo que mis padres se quisieron hasta el final'' (Diego Gary, hijo de la Seberg).

''La leyenda de la ciudad sin nombre''.

''Estaba loco por Jean Seberg'' (Clint Eastwood le confesó a su biógrafo). Después de 40 años sin hablar públicamente de su affaire con Jean Seberg, Eastwood comenta: ''Ya hace mucho tiempo de eso. Cuando estabamos rodando juntos, su vida era perfecta. A ella, le gustaba el lugar donde filmamos, porque le recordaba a Marshalltown, su ciudad natal. Creo que sentía nostalgia. Guardo un buen recuerdo de eso. La película no era una maravilla, pero fue un momento estupendo. Yo la adoraba. Pude verla como actriz en el rodaje y como persona, alguien que vivía un gran momento. Creo que no hubo mucha gente que pudiese ver eso. Hablábamos sobre la familia, los amigos, las relaciones, el amor...''. Para Jean Seberg, Clint Eastwood era tan atractivo como Gary Cooper. ''Me hubiese gustado tener una foto de ella, en la que fuese ella misma, ya que creo que su verdadera personalidad, nunca se vio en pantalla. Era encantadora. Nos vimos en París, un tiempo después. Yo quería hablar con ella. Hablamos muy poco, pero parecíamos desconocidos''. La entrevistadora le pregunta ¿Nunca la olvidarás? y él responde sinceramente -''Eso creo. Ella fue muy importante en mi vida, sí''-.

Clint Eastwood y Jean Seberg.


A principios de 1968, Jean se mudó a Beverly Hills. Continuó apoyando la lucha por los derechos civiles y abrió sus puertas a los activistas negros. El Partido Pantera Negra de Los Ángeles se volvió más radical. En todo el país, los jóvenes acudían a la causa. En ese momento, Jean Seberg conoció a un hombre negro que cambió su destino, se llamaba Hakim Jamal, era un personaje peligroso y avaricioso, fascinado por el espectáculo y que detestaba a los blancos. Jean tuvo un romance apasionado con él. Incapaz de pararla, Romain Gary, escribió ''Perro blanco'' y la dejó. Jean Seberg entró en una época tormentosa y deprimente. En una carta para su madre, Seberg le habla de todo, principalmente de su necesidad de proteger a su hijo Diego del divorcio y de sus miedos.  



''Toda mi vida, desde que tenía 13 años, he luchado por los estadounidenses de raza negra. Con los años, mi compromiso, ha crecido. Al rodar ''Aeropuerto'' en Los Ángeles, trabajé con los Panteras Negras, personas a las que aprecio mucho'' (Jean Seberg). Su profunda implicación con las personas de raza negra, provocó las sospechas del FBI. J. Edgar Hoover, abrió un expediente sobre ella y durante dos años, se inspeccionó su vida (pincharon su teléfono y registraron sus movimientos). Pretendían silenciarla. ''Como apoyé a los Panteras Negras y los financié abiertamente, fui víctima de un complot del FBI que fue muy lejos''. Cuando Jean Seberg se quedó embarazada de nuevo, el FBI quiso arruinar su imagen pública y dijeron que el padre del niño era un líder negro. La noticia inventada, tuvo mucha repercusión y se convirtió en un escándalo en Estados Unidos. A raíz de eso, su carrera americana y su vida, se vieron seriamente dañadas. Fue una víctima de los ataques del FBI, muchos los señalan como los causantes de su suicidio. ''Fue devastador para ella. No creo que su fama se viese interrumpida por esos ataques. Fue la falsedad, mentían sobre ella. Ella estaba perdiendo su voz para expresar quién era. Llegó un momento en que perdió el control de su destino'' (Bob Norris, amigo de la infancia).

''Cada día que llegaba, la grababa. Grabé a Jean así, durante dos meses y medio, así como todo el trabajo que hacía delante de la cámara, mientras yo hacía este ejercicio técnico. Era una actriz estupenda. Si estábamos en un hotel, agarraba la cortina e interpretaba la obra dramática de forma conmovedora y con mucha violencia delante de la cámara. En cuanto cortaba la grabación, volvía a ser una persona totalmente serena. Con ella, esta tensión dramática, era una forma de actuar. La veía como una especie de referencia, cada vez, que intentaba conseguir algo más de un actor. Su forma de ser, el trabajo que hizo''. Philippe Garrel, director de una de sus últimas películas, ''Les hautes solitudes''.  


1970 fue un año horrible para Jean Seberg. El 20 de Agosto, Jean dio a luz a una niña prematura y mortinata, a la cual llamó Nina (por la madre de Romain Gary, ambos ya estaban separados, pero él reconoció a la pequeña, de todos modos). Jean Seberg estaba destrozada ante la muerte de la niña y se sumió en una locura persecutoria, poco antes de enterrar al bebé en Marshalltown. El cuerpo de la niña estuvo expuesto en un atáud de cristal durante dos días, en los cuales, se pudo comprobar claramente que el FBI había mentido y su hija era blanca, no tuvieron más remedio, que rectificar. Unos años después de la muerte de Jean Seberg, el FBI declaró que había mentido sobre la actriz para neutralizarla. Jean Seberg pasó sus últimos años en París, al lado del piso de su ex-marido Romain Gary, que se volvió como en un segundo padre para Seberg: ''Mi padre volvió a demostrar lo maravilloso que era. Mi padre intentó protegerla de sus demonios y cuidarla, ya que siempre quiso cuidarla hasta el final'' (Diego Gary, hijo de la Seberg). A principios de 1971, Jean Seberg encontró el amor de nuevo, de la mano del joven cineasta Dennis Berry. Una semanas después de conocerse, se casaron en Las Vegas: ''Sabe quién es, donde va... Lo que quiere hacer y que yo le quiero'' (Jean Seberg). ''Cuando nos conocimos, vino y me dijo 'Es como si ya te conociese' y yo le dije 'A mí también me pasa'. Después de ésto, hizo una auténtica locura, dijo ¿Puedes hacer algo por mí? y yo le contesté 'Haré todo lo que quieras'. Dijo 'Bésame'. Nos besamos antes de tener una oportunidad de hablar. Fue amor a primera vista, una atracción inevitable e irresistible. Aunque fuesemos de mundos diferentes, dos estadounidenses, extranjeros en París, obsesionados con los Panteras Negras, con el socialismo, la revolución, la libertad, con la idea de reinventar el mundo. Hubo una afinidad inmediata'', relata Dennis Berry.

Fueron Otto Preminger y J. Edgar Hoover, dos de los mayores culpables del declive personal y profesional de Jean Seberg, los que contribuyeron más a su destrucción emocional definitiva. En los 70, tras muchos intentos de suicidio, fue de clínica en clínica. Romain Gary intentó salvarla, pero no lo consiguió. ''Compartí momentos trágicos con ella. A veces hablaba sola, cuando yo estaba en la habitación. A veces, a las tres de la mañana, tenía que llamar a Warren Beatty para mostrarme que era amiga de las estrellas. Nunca supe exactamente que enfermedad tenía, si es que tenía alguna. Lo mismo fue agotamiento nervioso, por todo lo que había vivido'' (Diego Gary, hijo de la actriz). Jean Seberg se suicidó mediante una excesiva ingesta de barbitúricos el 30 de Agosto de 1979, cuando contaba con 40 años, su cuerpo fue hallado en el interior de su automóvil, estacionado en un distrito de moda de París. En su mano, se encontró un papel arrugado que contenía las siguientes palabras: ''Querido Diego: Ya no puedo soportar estos nervios. Perdóname. Se fuerte. Jean''. Un año después, Romain Gary también pondría fin a su existencia, dejando una escueta misiva ''No es por Jean Seberg''.

martes, 8 de julio de 2014

Michael Powell y Emeric Pressburger, genios singulares

Los británicos Michael Powell y Emeric Pressburger, fueron una brillante pareja de cineastas que crearon un cine singular, transgresor y fascinante. Muchas de sus impagables obras, hacen un uso arrebatador, hermoso e impecable del Tecnicolor, formaron un equipo en perfecta sintonía, mientras que Powell era un portentoso creador de imágenes indelebles, Pressburger era un más que notable contador de historias. Su característico -y decadente- estilo a medio camino entre lo clásico y lo subversivo, deja entrever una clara intención de transgredir las reglas de lo conservador, a través de un latente espíritu rupturista y un enfoque generalmente retorcido e inconformista, en eterna confrontación con el acomodamiento formal. Es, por consiguiente, su manera de hacer y entender el cine, parcialmente visionaria, posiblemente son un extraño fenómeno dentro de la cinematografía británica, estando un poco en tierra de nadie, sin ser seguramente lo suficientemente rompedores pero tampoco estrictamente clásicos.

Sus historias están protagonizadas en su mayoría por personajes complejos, con una psicología atormentada, enfermiza o maligna (desde aquella bailarina obsesionada por alcanzar la perfección artística de ''Las zapatillas rojas'' que posee evidentes similitudes con la Nina que le valió el Oscar a Natalie Portman, pasando por la memorable monja enloquecida de ''Narciso Negro'' o el genial psicópata de ''El fotógrafo del pánico''). Por lo general, todas ellas están unidas principalmente por un hilo conductor común, la intensidad dramática, aunque también se caracterizan por la mencionada atracción por retratar a personajes obsesivos u oscuros, la búsqueda de la propia identidad y por la soberbia utilización de una atmósfera sucia y opresiva, sus personajes suelen ahogarse en su entorno. Además, las cintas de este maravilloso dúo, cuentan con una sólida puesta en escena y con un marcado tono sombrío. En definitiva, Powell y Pressburger son sinónimos de cine imprescindible, perturbador, diferente y audaz. Grandísimos cineastas como Martin Scorsese, Jean-Pierre Melville, Bertrand Tavernier, Wes Anderson o Aki Kaurismaki, se encuentran entre los más fervientes admiradores de su arte inclasificable e inconformista. Con el afán de reivindicar a estos geniales semidesconocidos, ahí va mi pequeño homenaje a este dúo cinematográfico tan imaginativo, personal y especial. Sus creaciones son pura magia y dejan constancia de una poesía visual desbordante. 




''Vivo dentro del cine, escogí el cine desde que era muy joven -a los 16 años- y desde entonces, mis recuerdos coinciden virtualmente con la historia del cine... No soy un director con un estilo personal, hago simplemente cine. Crecí con él y pienso en él... En la misma medida en que estoy interesado en las imagénes, en los libros y en la música, todo ello debido al cine''. Michael Powell.

Michael Powell antes de unirse artísticamente a Emeric Pressburger, trabajó durante los años 30 en la industria cinematográfica británica con Rex Ingram y brevemente colaborando con el mítico Alfred Hitchcock, entre otros trabajos. Mientras que, Pressburger de origen húngaro, ejerció de guionista para el estudio alemán UFA, antes de escaparse de manera definitiva a Inglaterra -debido a la subida al poder del partido nazi, termina huyendo a Francia, lugar donde también desarrolla brevemente tareas de escritor cinematográfico para la industria de cine galo-. 

Michael Powell.

Michael Powell nacido en un pueblo cercano a la Catedral de Canterbury en 1905, era un niño introvertido y apasionado de la lectura, que terminaría profundamente afectado por la I Guerra Mundial durante su infancia. El joven Powell descubriría el buen cine, a través del mítico director alemán Fritz Lang, visionando sus primeros trabajos mudos, autor que irremediablemente influiría en su obra posterior. La muda ''Intolerancia'' de D. W. Griffith, se convertiría en la película clave en su vida, por la cual decidió dedicarse a dirigir. Totalmente convencido de su vocación artística, deja su trabajo en un banco y comienza su trayectoria en el mundo de cine, realizando tareas como ayudante del departamento de publicidad de una pequeña compañía de la Riviera Francesa. Poco a poco va escalando posiciones, haciendo antes todo tipo de especialidades, desde montaje y fotografía hasta alcanzar por fin, su meta soñada, dar el salto a la dirección.

Powell y Pressburger, iniciaron su andadura profesional conjunta a partir de 1939 tras coincidir en el rodaje de ''El espía negro'', una cinta dirigida por Powell y guionizada por Pressburger, posteriormente, crearían la productora The Archers. Su relación director-guionista fue atípica, ya que los dos tenían el mismo nivel de responsabilidad a la hora de poner en marcha cada proyecto -Pressburger creaba el guión y Powell se encargaba de la puesta en escena, montaje y de escoger las localizaciones, aunque en escasas ocasiones Emeric también participaba en el montaje y en la producción-. Después de tres trabajos conjuntos, fundarían la compañía The Archers, su asociación no sería meramente económica, si no que también supondría un compromiso a nivel artístico, pasando a firmar todos sus filmes como escritos, dirigidos y producidos por Michael Powell y Emeric Pressburger. Separarían sus caminos, en 1957. 

''Las zapatillas rojas'', ''Vida y muerte del Coronel Blimp'' y ''Narciso Negro''.

Las películas de Powell y Pressburger, suponen un hito dentro de la industria cinematográfica británica, conjugan una gran solidez argumental con un cautivador y único sentido de lo estético y a su vez, se mantienen como la quintaesencia de lo ''british'' -debido principalmente, a su sobriedad y elegancia formal-. En el cine de Powell y Pressburger, se nota una gran querencia por la belleza estética dandole una mayor relevancia, aunque sin descuidar tampoco la estructura narrativa de sus historias, es más que una colección de imágenes bellas y sugerentes, hay puntos de interés esenciales, como son los personajes, etc. Se podrían considerar una feliz anomalía dentro del cine británico, con más tendencia al clasicismo o conservadurismo formal. 
Michael Powell con una de sus musas, Deborah Kerr.

 La crítica de la época los calificó de manera errónea, definiendo sus cintas como simple cine de entretenimiento y escapismo, negandoles la merecida distinción de verdaderos autores. Esta infravalorización o desdén del sector crítico les acompañaría durante buena parte de su extensa filmografía -de hecho, Powell recibiría ataques excesivos por una fantástica y compleja película realizada en solitario, la subversiva y genial ''El fotógrafo del pánico'', que se introduce de manera hiper realista en la psique de un sádico fotógrafo, le tacharon de enfermo y degenerado a este director, por representar en pantalla los asesinatos con gran belleza y por la temática tan directa y depravada de la trama, fue sin duda, una película maldita y adelantada a su época-. La controversia de ''El fotógrafo del pánico'' afectaría gravemente a su carrera posterior.


Art Goes On Forever--A Tribute to The Archers from Serena Bramble on Vimeo.


 "La primera vez que ví ''Las zapatillas rojas'', tendría unos 9 ó 10 años. La poderosa historia y la riqueza del color, me afectaron mucho. Me embrujaron con la malicia de su enfoque. Cuidaron enormemente cada detalle y asumieron un gran riesgo: ésta fue la primera vez que una película se paralizaba, para introducir una escena de ballet de 20 minutos. Pero es que una película dentro de una película, más cine que baile. Es como si sintieras lo que siente y escucha Moira Shearer mientras baila". Martin Scorsese. 

Martin Scorsese, apasionado seguidor de sus películas desde su infancia -al quedar, impresionado con ''Las zapatillas rojas'' desde muy temprana edad- se encargó con su fundación de restaurar muchas de sus películas y siempre ha defendido con gran ahínco la maestría de estos dos cineastas no suficientemente reconocidos. Durante un viaje a Reino Unido cuando era un joven director y fue premiado en el Festival de Edimburgo por ''Alicia ya no vive aquí'', se empeñó en encontrarse con Michael Powell, se hicieron amigos cuando por fin, consiguió charlar con él -una tarea complicada, porque Powell y Pressburger enloquecían a los distribuidores con su imprevisibilidad y misterio, dificultando hallar su paradero en muchas ocasiones, sobre todo en el momento de estrenar sus filmes-. Powell -que se convertiría posteriormente en el primer y único marido de la montadora habitual de Scorsese, Thelma Schoonmaker, Scorsese forzó un encuentro entre los dos, al comprobar que su amiga, sentía fascinación por sus películas al igual que él- quedó gratamente sorprendido por el entusiasmo de Marty ''La sangre volvió a correr por mis venas de nuevo. Este joven director con su habla veloz, que conocía profundamente todo el trabajo que había realizado, tenía un montón de preguntas sobre cómo lo había hecho'', relataría en su libro autobiográfico.   
De la confianza entre los dos, nació la idea por parte de Scorsese, de re-estrenar y restaurar las películas de Powell y Pressburger -comenzando por volver a estrenar ''El fotógrafo del pánico'' en el Festival de Nueva York, donde gozaría de una acogida sensacional, curiosamente Francis Ford Coppola tendría allí, la primera oportunidad de visionarla- gracias a estas acertadas maniobras, este maravilloso dúo vio acrecentada la reputación que siempre han merecido. Scorsese, es un sabio director, que eternamente ha abogado por dar mayor visibilidad a los clásicos y defendido incansablemente su enorme valía.  


domingo, 15 de junio de 2014

James Stewart, la representación cinematográfica del buen americano (+ 10 películas esenciales y 2 reivindicables) (I)

INTRODUCCIÓN
Por Alba Mirás.

"Mejor que una gran interpretación es el nivel de la no actuación, cuando el actor desaparece y en la pantalla emerge la persona de carne y hueso, una persona que enseguida interesa a la audiencia. James Stewart, es de los pocos capaces de alcanzar ese nivel". Frank Capra.



  Contenido, genuino, carismático, entrañable, vivaz, luminoso, polivalente... James Stewart (1908-1997) fue un actor increíblemente versátil y talentoso, lograba mimetizarse tanto con los individuos que interpretaba, que daba la sensación de no actuar, todo le salía natural y espontáneo, sin impostaciones aparentes. Lo cierto, es que gran parte, de sus personajes guardaban supuestas similitudes con su personalidad real, representaba a la perfección al tipo corriente americano, al héroe accesible (a la persona que todos admiramos o queremos llegar a ser). Más que un intérprete en el sentido más convencional de este término, era un actor-personaje, su mayor virtud, residía en su eterna veracidad en pantalla (sus creaciones desprenden tanta verdad y autenticidad, que en determinadas ocasiones, resulta complicado discernir o delimitar, donde empieza y donde termina el ser humano ficticio o el real, da la sensación de que se han fundido en uno y por consiguiente, Jimmy suele interpretar variantes de sí mismo). Al igual que Cary Grant, Jimmy Stewart se creó con los años, una personalidad única y muy definida en el cine (en líneas generales, frecuentemente encarnaba al hombre provisto de un romanticismo incurable, íntegro, risueño, entrañable e idealista) resultando imposible que podamos imaginarnos a otros intérpretes en determinados títulos de su trayectoria. Su genialidad es inconfundible e intransferible.

Su carrera estuvo marcada por los personajes amables. Jimmy solía encarnar a tipos afables, con fuertes convicciones y de buen corazón, la representación ideal de los valores del buen americano en el ámbito cinematográfico (debido principalmente a sus 3 colaboraciones con el optimista y genial Frank Capra). Fue principalmente para el maestro del suspense Alfred Hitchcock (o también a las órdenes de Anthony Mann), para quien cambió radicalmente de personalidad interpretativa, representando en pantalla a personajes ambiguos y atormentados en ''Vértigo'' o ''La ventana indiscreta'' por ejemplo, totalmente opuestos a los roles luminosos y joviales que definieron la mayoría de su extensa filmografía. Supongo, que en algunas ocasiones, un determinado rostro condiciona tus papeles, Stewart siempre tuvo cara de buenazo (aunque su rostro ambivalente, podía tornase con inusitada facilidad para terminar eclosionando en personajes de una negrura y turbiedad insólitas) pero estaba tan dotado artísticamente, que se crecía ante los desafíos, consiguiendo encajar en otros registros diversos y más oscuros, demostrando así, una gran versatilidad. Uno de los actores, que mejor transmiten y reflejan la fragilidad, la comicidad y la emotividad en la gran pantalla. Como estaba comentando, Stewart desarrolla en sus películas, a grandes rasgos, dos perfiles claramente contrapuestos, uno es el más extendido o utilizado en su carrera, el tipo bonachón (que posiblemente, sea el más cercano a su personalidad) y el otro, el hombre obsesivo, tenebroso o sombrío, siendo seguramente, éste último el más arriesgado y complejo para un intérprete de sus características.

''Busco a un hombre para quien sea un esfuerzo llevar adelante su vida, cuyo juicio no siempre es demasiado bueno y que comete errores. Creo que la fragilidad humana es algo muy bonito de reflejar''. James Stewart.



James Stewart desprendía una naturalidad y carisma asombrosos, la cámara le adoraba y encandilaba al público con una facilidad pasmosa. De voz personalísima, calmada y profunda, comenzó su carrera en el teatro (daría sus primeros pasos en la interpretación gracias a que se unió a la compañía teatral University Players que pertenecía al director Joshua Logan, en ella, coincidiría con dos amigos suyos, Margaret Sullavan y Henry Fonda), después de abandonar sus estudios de Arquitectura. Al mudarse junto a Henry Fonda a Nueva York, probaría suerte en Broadway, donde cosecharía sus primeras críticas elogiosas. Poco después, gracias a Hedda Hopper (una actriz y columnista) realizó una prueba para la Metro y dicho Estudio lo contrataría a mediados de los años 30. Interrumpiría su incipiente y prometedora carrera, al alistarse en la armada americana para luchar contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial en 1941. Regresaría a su hogar en 1945, con un montón de medallas y con el rango de coronel. En definitiva, Jimmy fue un héroe dentro y fuera de las pantallas.

En 1945, recién llegado a Estados Unidos tras combatir en Europa junto a la armada americana. Protagoniza la portada de la revista ''LIFE'' en Septiembre de ese mismo año.


Nominado en 5 ocasiones al Oscar, ganaría uno como Mejor actor por su magnifica interpretación en ''Historias de Filadelfia''. Dotado de un timing cómico perfecto y realmente memorable, también demostró mucha soltura y admirable eficacia en registros más serios. Solía acoplarse a la perfección con sus partenaires femeninas, funcionando con todas ellas (especialmente con Margaret Sullavan, Katharine Hepburn, Jean Arthur o Rosalind Russell). Trabajó a las órdenes de los nombres más sobresalientes de la época dorada de Hollywood, como Frank Capra, Alfred Hitchcock, George Cukor, Otto Preminger, John Ford o Anthony Mann, entre otros.


Con su única esposa Gloria Hatrick McLean y sus cuatro hijos en común.


Hace escasos días (el pasado 20 de Mayo) se cumplieron 106 años de su nacimiento. Jimmy, es personalmente, uno de los actores clásicos que más adoro y más empatizo en pantalla, admirar a un actor como él, te abre la puerta a descubrir películas maravillosas o directamente, obras maestras. Es uno de los intérpretes ideales para iniciarse en esta adicción al cine clásico, dada la magnífica trayectoria que tiene a sus espaldas (en líneas generales). Con este especial, pretendemos rendir homenaje a uno de los actores más auténticos, portentosos e imprescindibles de la Historia del Cine.



''La ventana indiscreta'' (Alfred Hitchcock, 1954)
   Por Alba Mirás. 
 

 Nunca un título pudo ser más acertado. James Stewart, fotógrafo lesionado, observa con atención desde su ventana todos los movimientos de sus vecinos, pasa sus tiempos de ocio obligados, curioseando lo que hacen completos extraños del edificio de enfrente. ''La ventana indiscreta'' disecciona con mala leche, esa cualidad o defecto que tenemos cada ser humano de manera inherente, nuestra alma indiscreta o cotilla. Y por extensión, sirve también, para reflexionar sobre el hecho de que cada cinéfilo, llevamos en el interior un pequeño voyeur, nos fascina contemplar las miserias o alegrías humanas en una pantalla, aunque todo sea ficción. Lo esencial, es que el cineasta sepa contarnos con verosimilitud y pasión, todo lo que acontece en una historia determinada y en eso Hitchcock era un maestro, un creador de secuencias con un clímax apabullante de tensión y poder expresivo, esos ambientes opresivos y asfixiantes que te dejan pegado a la pantalla. Quizá los guiones de sus películas pudieran ser más cuestionables en determinados casos, pero es un realizador que lleva a rajatabla esa máxima tan importante, de que el cine es entretenimiento. Sin lugar a dudas, es un virtuoso de la dirección y en el campo del suspense su fama es justificada porque era un auténtico especialista, pocos tan hipnóticos y eficaces como él en ese género.

''La ventana indiscreta'' gira en torno a un misterio, identificar a un vecino como el presunto asesino de su esposa. Un contenido y magnífico James Stewart (en un papel singular en su carrera, un personaje amoral) ayudado por unas solventes Thelma Ritter y Grace Kelly intentarán resolver este caso a toda costa, aún a riesgo de perder su vida. A través de sus dos horas, Hitch mantiene constantemente nuestro interés y elabora de manera estupenda y admirable, un thriller que va in crescendo (dejando constancia, de sus portentosas habilidades como narrador cinematográfico, creando un conjunto vibrante, complejo y corrosivo) y nos deja frases memorables para la posteridad. Una de las películas más sólidas y emocionantes de su extensa filmografía.


''El invisible Harvey'' (Henry Koster, 1950)
   Por Alba Mirás.  



''El invisible Harvey'' es una comedia deliciosa y tronchante, en la línea vitalista de las mejores obras de Frank Capra, podía pertenecer perfectamente a su autoría. Se trata de la película favorita de James Stewart (muchos años después, él mismo protagonizaría un remake). El delirante argumento (A Elwood, es decir, James Stewart, presuntamente, se la aparece un conejo gigante, de nombre Harvey) juega con el espectador y plantea curiosas preguntas, nuestro protagonista está realmente demente o ese ser no es imaginario y en verdad existe? O es el único cuerdo entre las personas que le rodean? Harvey es una alucinación o no? Su familia, lógicamente, está preocupada por su estado mental y deciden internarle en un psiquiátrico. 

Estamos ante una comedia magnífica, que vuelve a poner de manifiesto, la sublime capacidad de Stewart para adaptarse a papeles cómicos, su Elwood es único y adorable. Jimmy realiza una actuación perfecta, conmovedora y sutil. También realmente memorable la interpretación de su hermana Veta Louise (Josephine Hull, ganadora del Oscar y del Globo de Oro a la mejor actriz secundaria por este trabajo). 

En los últimos años, Steven Spielberg estuvo interesado en dirigir un remake de ''El invisible Harvey'', aunque él seguramente haría una adaptación actual digna, creo que una película como esa, no tendría mucho sentido en nuestros tiempos y seguramente terminaría siendo algo bochornoso y no me imagino a ningún actor moderno adecuado para un papel de estas características, dado que Stewart lo hizo muy suyo. Es mejor, no tocar los clásicos, en definitiva. 


 ''Vértigo'' (Alfred Hitchcock, 1958)
    Por Josephb B. Macgregor.


No creo que exista ningún cinéfilo que no considere a James Stewart como uno de los actores más versátiles del Hollywood clásico, regalándonos a lo largo de una extensa y prolífica carrera un montón de personajes tan memorables como entrañables. Sin embargo, siempre he pensando que sus actuaciones pueden sintetizarse en dos creaciones muy claras., sin que esto implique una contradicción o negación de la afirmación anterior.

Por un lado, tenemos al galán de comedia o melodrama, siempre amable, despistado, nervioso, bondadoso, de ideas liberales, tímido, enamoradizo y algo ingenuo cuyos ejemplos más evidentes los encontramos en comedias archi-conocidas (Vive como quieras, Historias de Filadelfia, Me enamoré de una bruja, El invisible Harvey, El bazar de las sorpresas), melodramas amables (Música y lágrimas,El héroe solitario, El mayor espectáculo del mundo, The Stratton Story, Tormenta mortal), cine de catástrofes de los 70 y 80 (Aeropuerto 77), cine negro o policíaco de alto calado (La ventana indiscreta, El hombre que sabía demasiado, Anatomía de un asesinato, Yo creo en ti, La soga) e incluso westerns míticos (El hombre que mató a Liberty Valance, Winchester 73, Flecha rota, Dos cabalgan juntos). En contraste, Stewart supo interpretar también a un sujeto completamente opuesto al anterior: un hombre torturado, obsesionado por la venganza, opaco y en algunos casos cercano a la patología en films sobre todo de Anthony Mann (Colorado Jim, El hombre de Laramie,) y de Hitchcock (Vértigo), realizadores magistrales que supieron extraer del actor su lado más tenebroso y oscuro. Existirían un par de excepciones que cumplirían las dos opciones, es decir el personaje comienza siendo el buen hombre, de ideas liberales y bonachón que todos conocemos, pero gradualmente se va transformando en un sujeto que inicia un inevitable proceso de autodestrucción; estamos hablando de dos grandes e indiscutibles obras maestras de Capra: Qué bello es vivir y Caballero sin espada, posiblemente (junto a Vértigo y La soga), dos de sus creaciones más conseguidas y potentes.

Para este especial homenaje a su figura he elegido “Vértigo” no sólo porque la considero su mejor película sino también porque es de mi cinco películas preferidas de la historia del cine (no pedirme que cite las otras cuatro porque cambian según el día, aunque ésta siempre permanece en la lista). Tengo que advertir que considero que sí estás leyendo esta reseña es que has visto la peli alguna vez, pero si no es así te aviso que he escrito un texto repleto de spoilers ya que – aunque tal cosa no suele ser habitual en mí – considero absolutamente esencial desvelar los “intringulis” más importantes de la trama para poder realizar un comentario en profundidad de semejante obra maestra.

Sobre “Vértigo” se han hecho múltiples estudios, análisis, tesis o críticas; también se han intentado buscar analogías o correspondencias entre Scottie y el propio Hitchcock, de tal modo que el personaje interpretado por éste vendría a ser un reflejo bastante exacto de la personalidad del realizador británico, sobre todo en lo que concierne a su visión del sexo o su forma de relacionarse con las mujeres o con las actrices con las que trabajó con mayor frecuencia (Ingrid Bergman, Grace Kelly, Vera Miles o Tippi Hedren). Dentro de esta especie de leyenda negra, existen múltiples anécdotas al respecto que acontecieron durante el proceso de producción de las películas o durante el rodaje de las mismas. Así, por ejemplo, la secuencia en la que Scottie intenta transformar a Judy (Kim Novak) en Madeleine (también Kim Novak) y la lleva por diversas tiendas para conseguir una transformación perfecta, parece ser que es un fiel reflejo de la escrupulosidad de Hitchcock a lo hora de vestir( o de tratar /torturar) a sus actrices, incluida la propia Kim Novak. Pero quedarse en la mera anécdota, no añade más o menor valor a la película; es decir, opino que un film no es más bueno o más malo porque aparezcan en él rasgos de carácter o filias y fobias del realizador; yo diría que es algo lógico y normal que sea así. Qué Hitchcock fuera más o menos misógino y sádico hasta la tortura, o tuviera una sexualidad compleja, extraña o un sentido del humor un tanto “peculiar”, desde mi punto de vista, no añade más valor a la película; en cualquier caso, sus aciertos o valores son otros.

Aquellos que personalmente considero más sobresalientes residen en una realización impecable repleta de secuencias en silencio que explican muchas cosas; la más representativa sin duda alguna: la persecución inicial por las azoteas y tejados de Chicago, sin palabras sabemos la patología que padece Scottie; pero que también potencian al misterio y al suspense de la trama: el seguimiento en coche de Scottie a Madeleine por las calles de Chicago, la secuencia del museo y el cuadro, el descubrimiento del colgante / camafeo sobre el pecho de Judy y sobre todo, la magistral serie de secuencias en la que Scottie cree ver a Madeliene en algunas mujeres que pasean por la abarrotada avenida comercial, que evidencia el alto y peligroso grado de obsesión del detective por la amante muerta.

Por supuesto, entre sus aciertos más destacables e indiscutibles podemos citar además: la banda sonora de Bernard Herrmann , con ese maravilloso y hermosísimo tema principal inspirado en “Tristán e Isolda” de Wagner que refleja perfectamente ese carácter de ensoñación permanente en la que vive el personaje; los imprescindibles títulos de crédito (que parte de una pupila que se va transformando en un laberinto de espirales) o las secuencias de las pesadillas de Scottie, creaciones ambas de Saul Bass y por supuesto el magnítico tratamiento fotográfico del film a cargo del genial Robert Burks.

Con respecto a la trama y el guión (a cargo de Alec Coppel y Samuel Taylor, basado en la novela homónima de Pierre Boileau, yThomas Narcejac, pero siempre bajo la supervisión de Don Alfredo), “Vértigo” pertenece a ese tipo de films de Hitchcock en los que existen diversos virajes argumentales y de género a lo largo de su más que enredosa trama, algo que era del agrado de éste y que lo hacía con cierta frecuencia. ¿En qué consiste tal juego argumental? Pues en que la película empieza – en el caso de “Vértigo” – como una investigación detectivesca, que gradualmente se va convirtiendo en un historia de tintes (presuntamente) sobrenaturales – la (falsa) Madeleine cree estar poseída por el espíritu de una antepasada – para ir derivando en una tragedia – la muerte de la amada por culpa del vértigo de Scottie el cuál le impide subir las escaleras del torreón del campanario – y que paulatinamente se transforma en una patología cercana a la locura, para concluir finalmente con una suerte de insólita farsa que – según la versión que hayamos visto – deriva en un trágico desenlace o en un imposible final feliz. Y es que existen dos versiones diferentes del final del film: uno que termina con la figura de Scottie enmarcada en el campanario, que deja abierta la posibilidad de su inmediato suicidio; y otra, impuesta por los estudios de Hollywood, en la que tras la escena del campanario, el detective tiene una amable charla con su amiga de confianza(Barbara Bel Geddes), en tono de comedia. Personalmente, éste es uno de los aspectos del film en cuestión que más me han atraído siempre, su diversidad, que Hitchock sabe llevarte siempre por dónde quiere y lo hacemos con sumo placer y gusto. No importa las veces que la haya visto ni que conozca el desenlace, la experiencia resulta siempre gratificante y enriquecedora.

Esta sucesión de géneros a lo largo de la trama argumental también está presente en muchas otras obras de Don Alfredo, como por ejemplo “Psicosis” que comienza siendo un drama sentimental, para ir derivando en un film policíaco o de suspense pero que finalmente se transforma en un film de terror.

Como he señalado al comienzo de esta reseña, Scottie, el protagonista de la historia, pertenece al tipo de personaje torturado hasta la obsesión; en este caso, por una mujer que no existe más que en imaginación; la tragedia del detective es que se ha enamorado de una mentira, algo que suelen percibir muchas personas cuando llevan dos o tres años de matrimonio, pero que en el caso del personaje de Stewart significará un shock brutal que terminará afectado su psique o su propia salud mental, aunque también logrará superar su vértigo o miedo a las alturas, pero para ello tendrá que pagar un precio muy caro.

La interpretación que de este proceso de degeneración realiza James Stewart es más que magistral ya que consigue una grado de veracidad y autenticidad insuperable; logrando además que yo como el espectador participe me implique en su trágica peripecia, que me identifique al cien por cien con su tragedia personal – supongo que no me pasará sólo a mí –, llegando a sufrir junto a él todas sus inquietudes y zozobras, todas sus decepciones o lamentables decisiones; el actor que fue también “el hombre más rico de la ciudad” me ofrece en esta ocasión a un Scottie profundamente humano, pero a la vez patético y digno de lastima; aunque su descenso los infiernos me resulte siempre tan inquietante como sobrecogedor, tan conmovedor como lamentable. Sólo un actor del calado del gran Jimmy podía hacer tal cosa. Hitchcock tuvo mucha suerte.

 

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