domingo, 15 de junio de 2014

James Stewart, la representación cinematográfica del buen americano (+ 10 películas esenciales y 2 reivindicables) (I)

INTRODUCCIÓN
Por Alba Mirás.

"Mejor que una gran interpretación es el nivel de la no actuación, cuando el actor desaparece y en la pantalla emerge la persona de carne y hueso, una persona que enseguida interesa a la audiencia. James Stewart, es de los pocos capaces de alcanzar ese nivel". Frank Capra.



  Contenido, genuino, carismático, entrañable, vivaz, luminoso, polivalente... James Stewart (1908-1997) fue un actor increíblemente versátil y talentoso, lograba mimetizarse tanto con los individuos que interpretaba, que daba la sensación de no actuar, todo le salía natural y espontáneo, sin impostaciones aparentes. Lo cierto, es que gran parte, de sus personajes guardaban supuestas similitudes con su personalidad real, representaba a la perfección al tipo corriente americano, al héroe accesible (a la persona que todos admiramos o queremos llegar a ser). Más que un intérprete en el sentido más convencional de este término, era un actor-personaje, su mayor virtud, residía en su eterna veracidad en pantalla (sus creaciones desprenden tanta verdad y autenticidad, que en determinadas ocasiones, resulta complicado discernir o delimitar, donde empieza y donde termina el ser humano ficticio o el real, da la sensación de que se han fundido en uno y por consiguiente, Jimmy suele interpretar variantes de sí mismo). Al igual que Cary Grant, Jimmy Stewart se creó con los años, una personalidad única y muy definida en el cine (en líneas generales, frecuentemente encarnaba al hombre provisto de un romanticismo incurable, íntegro, risueño, entrañable e idealista) resultando imposible que podamos imaginarnos a otros intérpretes en determinados títulos de su trayectoria. Su genialidad es inconfundible e intransferible.

Su carrera estuvo marcada por los personajes amables. Jimmy solía encarnar a tipos afables, con fuertes convicciones y de buen corazón, la representación ideal de los valores del buen americano en el ámbito cinematográfico (debido principalmente a sus 3 colaboraciones con el optimista y genial Frank Capra). Fue principalmente para el maestro del suspense Alfred Hitchcock (o también a las órdenes de Anthony Mann), para quien cambió radicalmente de personalidad interpretativa, representando en pantalla a personajes ambiguos y atormentados en ''Vértigo'' o ''La ventana indiscreta'' por ejemplo, totalmente opuestos a los roles luminosos y joviales que definieron la mayoría de su extensa filmografía. Supongo, que en algunas ocasiones, un determinado rostro condiciona tus papeles, Stewart siempre tuvo cara de buenazo (aunque su rostro ambivalente, podía tornase con inusitada facilidad para terminar eclosionando en personajes de una negrura y turbiedad insólitas) pero estaba tan dotado artísticamente, que se crecía ante los desafíos, consiguiendo encajar en otros registros diversos y más oscuros, demostrando así, una gran versatilidad. Uno de los actores, que mejor transmiten y reflejan la fragilidad, la comicidad y la emotividad en la gran pantalla. Como estaba comentando, Stewart desarrolla en sus películas, a grandes rasgos, dos perfiles claramente contrapuestos, uno es el más extendido o utilizado en su carrera, el tipo bonachón (que posiblemente, sea el más cercano a su personalidad) y el otro, el hombre obsesivo, tenebroso o sombrío, siendo seguramente, éste último el más arriesgado y complejo para un intérprete de sus características.

''Busco a un hombre para quien sea un esfuerzo llevar adelante su vida, cuyo juicio no siempre es demasiado bueno y que comete errores. Creo que la fragilidad humana es algo muy bonito de reflejar''. James Stewart.



James Stewart desprendía una naturalidad y carisma asombrosos, la cámara le adoraba y encandilaba al público con una facilidad pasmosa. De voz personalísima, calmada y profunda, comenzó su carrera en el teatro (daría sus primeros pasos en la interpretación gracias a que se unió a la compañía teatral University Players que pertenecía al director Joshua Logan, en ella, coincidiría con dos amigos suyos, Margaret Sullavan y Henry Fonda), después de abandonar sus estudios de Arquitectura. Al mudarse junto a Henry Fonda a Nueva York, probaría suerte en Broadway, donde cosecharía sus primeras críticas elogiosas. Poco después, gracias a Hedda Hopper (una actriz y columnista) realizó una prueba para la Metro y dicho Estudio lo contrataría a mediados de los años 30. Interrumpiría su incipiente y prometedora carrera, al alistarse en la armada americana para luchar contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial en 1941. Regresaría a su hogar en 1945, con un montón de medallas y con el rango de coronel. En definitiva, Jimmy fue un héroe dentro y fuera de las pantallas.

En 1945, recién llegado a Estados Unidos tras combatir en Europa junto a la armada americana. Protagoniza la portada de la revista ''LIFE'' en Septiembre de ese mismo año.


Nominado en 5 ocasiones al Oscar, ganaría uno como Mejor actor por su magnifica interpretación en ''Historias de Filadelfia''. Dotado de un timing cómico perfecto y realmente memorable, también demostró mucha soltura y admirable eficacia en registros más serios. Solía acoplarse a la perfección con sus partenaires femeninas, funcionando con todas ellas (especialmente con Margaret Sullavan, Katharine Hepburn, Jean Arthur o Rosalind Russell). Trabajó a las órdenes de los nombres más sobresalientes de la época dorada de Hollywood, como Frank Capra, Alfred Hitchcock, George Cukor, Otto Preminger, John Ford o Anthony Mann, entre otros.


Con su única esposa Gloria Hatrick McLean y sus cuatro hijos en común.


Hace escasos días (el pasado 20 de Mayo) se cumplieron 106 años de su nacimiento. Jimmy, es personalmente, uno de los actores clásicos que más adoro y más empatizo en pantalla, admirar a un actor como él, te abre la puerta a descubrir películas maravillosas o directamente, obras maestras. Es uno de los intérpretes ideales para iniciarse en esta adicción al cine clásico, dada la magnífica trayectoria que tiene a sus espaldas (en líneas generales). Con este especial, pretendemos rendir homenaje a uno de los actores más auténticos, portentosos e imprescindibles de la Historia del Cine.



''La ventana indiscreta'' (Alfred Hitchcock, 1954)
   Por Alba Mirás. 
 

 Nunca un título pudo ser más acertado. James Stewart, fotógrafo lesionado, observa con atención desde su ventana todos los movimientos de sus vecinos, pasa sus tiempos de ocio obligados, curioseando lo que hacen completos extraños del edificio de enfrente. ''La ventana indiscreta'' disecciona con mala leche, esa cualidad o defecto que tenemos cada ser humano de manera inherente, nuestra alma indiscreta o cotilla. Y por extensión, sirve también, para reflexionar sobre el hecho de que cada cinéfilo, llevamos en el interior un pequeño voyeur, nos fascina contemplar las miserias o alegrías humanas en una pantalla, aunque todo sea ficción. Lo esencial, es que el cineasta sepa contarnos con verosimilitud y pasión, todo lo que acontece en una historia determinada y en eso Hitchcock era un maestro, un creador de secuencias con un clímax apabullante de tensión y poder expresivo, esos ambientes opresivos y asfixiantes que te dejan pegado a la pantalla. Quizá los guiones de sus películas pudieran ser más cuestionables en determinados casos, pero es un realizador que lleva a rajatabla esa máxima tan importante, de que el cine es entretenimiento. Sin lugar a dudas, es un virtuoso de la dirección y en el campo del suspense su fama es justificada porque era un auténtico especialista, pocos tan hipnóticos y eficaces como él en ese género.

''La ventana indiscreta'' gira en torno a un misterio, identificar a un vecino como el presunto asesino de su esposa. Un contenido y magnífico James Stewart (en un papel singular en su carrera, un personaje amoral) ayudado por unas solventes Thelma Ritter y Grace Kelly intentarán resolver este caso a toda costa, aún a riesgo de perder su vida. A través de sus dos horas, Hitch mantiene constantemente nuestro interés y elabora de manera estupenda y admirable, un thriller que va in crescendo (dejando constancia, de sus portentosas habilidades como narrador cinematográfico, creando un conjunto vibrante, complejo y corrosivo) y nos deja frases memorables para la posteridad. Una de las películas más sólidas y emocionantes de su extensa filmografía.


''El invisible Harvey'' (Henry Koster, 1950)
   Por Alba Mirás.  



''El invisible Harvey'' es una comedia deliciosa y tronchante, en la línea vitalista de las mejores obras de Frank Capra, podía pertenecer perfectamente a su autoría. Se trata de la película favorita de James Stewart (muchos años después, él mismo protagonizaría un remake). El delirante argumento (A Elwood, es decir, James Stewart, presuntamente, se la aparece un conejo gigante, de nombre Harvey) juega con el espectador y plantea curiosas preguntas, nuestro protagonista está realmente demente o ese ser no es imaginario y en verdad existe? O es el único cuerdo entre las personas que le rodean? Harvey es una alucinación o no? Su familia, lógicamente, está preocupada por su estado mental y deciden internarle en un psiquiátrico. 

Estamos ante una comedia magnífica, que vuelve a poner de manifiesto, la sublime capacidad de Stewart para adaptarse a papeles cómicos, su Elwood es único y adorable. Jimmy realiza una actuación perfecta, conmovedora y sutil. También realmente memorable la interpretación de su hermana Veta Louise (Josephine Hull, ganadora del Oscar y del Globo de Oro a la mejor actriz secundaria por este trabajo). 

En los últimos años, Steven Spielberg estuvo interesado en dirigir un remake de ''El invisible Harvey'', aunque él seguramente haría una adaptación actual digna, creo que una película como esa, no tendría mucho sentido en nuestros tiempos y seguramente terminaría siendo algo bochornoso y no me imagino a ningún actor moderno adecuado para un papel de estas características, dado que Stewart lo hizo muy suyo. Es mejor, no tocar los clásicos, en definitiva. 


 ''Vértigo'' (Alfred Hitchcock, 1958)
    Por Josephb B. Macgregor.


No creo que exista ningún cinéfilo que no considere a James Stewart como uno de los actores más versátiles del Hollywood clásico, regalándonos a lo largo de una extensa y prolífica carrera un montón de personajes tan memorables como entrañables. Sin embargo, siempre he pensando que sus actuaciones pueden sintetizarse en dos creaciones muy claras., sin que esto implique una contradicción o negación de la afirmación anterior.

Por un lado, tenemos al galán de comedia o melodrama, siempre amable, despistado, nervioso, bondadoso, de ideas liberales, tímido, enamoradizo y algo ingenuo cuyos ejemplos más evidentes los encontramos en comedias archi-conocidas (Vive como quieras, Historias de Filadelfia, Me enamoré de una bruja, El invisible Harvey, El bazar de las sorpresas), melodramas amables (Música y lágrimas,El héroe solitario, El mayor espectáculo del mundo, The Stratton Story, Tormenta mortal), cine de catástrofes de los 70 y 80 (Aeropuerto 77), cine negro o policíaco de alto calado (La ventana indiscreta, El hombre que sabía demasiado, Anatomía de un asesinato, Yo creo en ti, La soga) e incluso westerns míticos (El hombre que mató a Liberty Valance, Winchester 73, Flecha rota, Dos cabalgan juntos). En contraste, Stewart supo interpretar también a un sujeto completamente opuesto al anterior: un hombre torturado, obsesionado por la venganza, opaco y en algunos casos cercano a la patología en films sobre todo de Anthony Mann (Colorado Jim, El hombre de Laramie,) y de Hitchcock (Vértigo), realizadores magistrales que supieron extraer del actor su lado más tenebroso y oscuro. Existirían un par de excepciones que cumplirían las dos opciones, es decir el personaje comienza siendo el buen hombre, de ideas liberales y bonachón que todos conocemos, pero gradualmente se va transformando en un sujeto que inicia un inevitable proceso de autodestrucción; estamos hablando de dos grandes e indiscutibles obras maestras de Capra: Qué bello es vivir y Caballero sin espada, posiblemente (junto a Vértigo y La soga), dos de sus creaciones más conseguidas y potentes.

Para este especial homenaje a su figura he elegido “Vértigo” no sólo porque la considero su mejor película sino también porque es de mi cinco películas preferidas de la historia del cine (no pedirme que cite las otras cuatro porque cambian según el día, aunque ésta siempre permanece en la lista). Tengo que advertir que considero que sí estás leyendo esta reseña es que has visto la peli alguna vez, pero si no es así te aviso que he escrito un texto repleto de spoilers ya que – aunque tal cosa no suele ser habitual en mí – considero absolutamente esencial desvelar los “intringulis” más importantes de la trama para poder realizar un comentario en profundidad de semejante obra maestra.

Sobre “Vértigo” se han hecho múltiples estudios, análisis, tesis o críticas; también se han intentado buscar analogías o correspondencias entre Scottie y el propio Hitchcock, de tal modo que el personaje interpretado por éste vendría a ser un reflejo bastante exacto de la personalidad del realizador británico, sobre todo en lo que concierne a su visión del sexo o su forma de relacionarse con las mujeres o con las actrices con las que trabajó con mayor frecuencia (Ingrid Bergman, Grace Kelly, Vera Miles o Tippi Hedren). Dentro de esta especie de leyenda negra, existen múltiples anécdotas al respecto que acontecieron durante el proceso de producción de las películas o durante el rodaje de las mismas. Así, por ejemplo, la secuencia en la que Scottie intenta transformar a Judy (Kim Novak) en Madeleine (también Kim Novak) y la lleva por diversas tiendas para conseguir una transformación perfecta, parece ser que es un fiel reflejo de la escrupulosidad de Hitchcock a lo hora de vestir( o de tratar /torturar) a sus actrices, incluida la propia Kim Novak. Pero quedarse en la mera anécdota, no añade más o menor valor a la película; es decir, opino que un film no es más bueno o más malo porque aparezcan en él rasgos de carácter o filias y fobias del realizador; yo diría que es algo lógico y normal que sea así. Qué Hitchcock fuera más o menos misógino y sádico hasta la tortura, o tuviera una sexualidad compleja, extraña o un sentido del humor un tanto “peculiar”, desde mi punto de vista, no añade más valor a la película; en cualquier caso, sus aciertos o valores son otros.

Aquellos que personalmente considero más sobresalientes residen en una realización impecable repleta de secuencias en silencio que explican muchas cosas; la más representativa sin duda alguna: la persecución inicial por las azoteas y tejados de Chicago, sin palabras sabemos la patología que padece Scottie; pero que también potencian al misterio y al suspense de la trama: el seguimiento en coche de Scottie a Madeleine por las calles de Chicago, la secuencia del museo y el cuadro, el descubrimiento del colgante / camafeo sobre el pecho de Judy y sobre todo, la magistral serie de secuencias en la que Scottie cree ver a Madeliene en algunas mujeres que pasean por la abarrotada avenida comercial, que evidencia el alto y peligroso grado de obsesión del detective por la amante muerta.

Por supuesto, entre sus aciertos más destacables e indiscutibles podemos citar además: la banda sonora de Bernard Herrmann , con ese maravilloso y hermosísimo tema principal inspirado en “Tristán e Isolda” de Wagner que refleja perfectamente ese carácter de ensoñación permanente en la que vive el personaje; los imprescindibles títulos de crédito (que parte de una pupila que se va transformando en un laberinto de espirales) o las secuencias de las pesadillas de Scottie, creaciones ambas de Saul Bass y por supuesto el magnítico tratamiento fotográfico del film a cargo del genial Robert Burks.

Con respecto a la trama y el guión (a cargo de Alec Coppel y Samuel Taylor, basado en la novela homónima de Pierre Boileau, yThomas Narcejac, pero siempre bajo la supervisión de Don Alfredo), “Vértigo” pertenece a ese tipo de films de Hitchcock en los que existen diversos virajes argumentales y de género a lo largo de su más que enredosa trama, algo que era del agrado de éste y que lo hacía con cierta frecuencia. ¿En qué consiste tal juego argumental? Pues en que la película empieza – en el caso de “Vértigo” – como una investigación detectivesca, que gradualmente se va convirtiendo en un historia de tintes (presuntamente) sobrenaturales – la (falsa) Madeleine cree estar poseída por el espíritu de una antepasada – para ir derivando en una tragedia – la muerte de la amada por culpa del vértigo de Scottie el cuál le impide subir las escaleras del torreón del campanario – y que paulatinamente se transforma en una patología cercana a la locura, para concluir finalmente con una suerte de insólita farsa que – según la versión que hayamos visto – deriva en un trágico desenlace o en un imposible final feliz. Y es que existen dos versiones diferentes del final del film: uno que termina con la figura de Scottie enmarcada en el campanario, que deja abierta la posibilidad de su inmediato suicidio; y otra, impuesta por los estudios de Hollywood, en la que tras la escena del campanario, el detective tiene una amable charla con su amiga de confianza(Barbara Bel Geddes), en tono de comedia. Personalmente, éste es uno de los aspectos del film en cuestión que más me han atraído siempre, su diversidad, que Hitchock sabe llevarte siempre por dónde quiere y lo hacemos con sumo placer y gusto. No importa las veces que la haya visto ni que conozca el desenlace, la experiencia resulta siempre gratificante y enriquecedora.

Esta sucesión de géneros a lo largo de la trama argumental también está presente en muchas otras obras de Don Alfredo, como por ejemplo “Psicosis” que comienza siendo un drama sentimental, para ir derivando en un film policíaco o de suspense pero que finalmente se transforma en un film de terror.

Como he señalado al comienzo de esta reseña, Scottie, el protagonista de la historia, pertenece al tipo de personaje torturado hasta la obsesión; en este caso, por una mujer que no existe más que en imaginación; la tragedia del detective es que se ha enamorado de una mentira, algo que suelen percibir muchas personas cuando llevan dos o tres años de matrimonio, pero que en el caso del personaje de Stewart significará un shock brutal que terminará afectado su psique o su propia salud mental, aunque también logrará superar su vértigo o miedo a las alturas, pero para ello tendrá que pagar un precio muy caro.

La interpretación que de este proceso de degeneración realiza James Stewart es más que magistral ya que consigue una grado de veracidad y autenticidad insuperable; logrando además que yo como el espectador participe me implique en su trágica peripecia, que me identifique al cien por cien con su tragedia personal – supongo que no me pasará sólo a mí –, llegando a sufrir junto a él todas sus inquietudes y zozobras, todas sus decepciones o lamentables decisiones; el actor que fue también “el hombre más rico de la ciudad” me ofrece en esta ocasión a un Scottie profundamente humano, pero a la vez patético y digno de lastima; aunque su descenso los infiernos me resulte siempre tan inquietante como sobrecogedor, tan conmovedor como lamentable. Sólo un actor del calado del gran Jimmy podía hacer tal cosa. Hitchcock tuvo mucha suerte.

lunes, 9 de junio de 2014

Cine pre-code de Hollywood

''El adulterio no debe ser presentado como algo atrayente. Se deberá mostrar un estilo de vida correcto''. Código de Producción, años 30.  


 Antes de que el código de conducta (el Código Hays, que duraría hasta 1967) fuera instaurado, el cine de Hollywood gozó de mayor libertad para mostrar escenas escandalosas para la época, lenguajes atrevidos y personajes amorales femeninos. La figura de la mujer en el cine, ha vivido una constante evolución, de personajes planos de mujer ingenua, santa o de vampiresa en el cine silente (las limitaban a simples estereotipos femeninos), hasta que en el sonoro, las actrices empezaron a encarnar a mujeres independientes, libertinas, complejas, sexuales y demasiado osadas para una conservadora América. Mujeres modernas y emancipadas, alejadas del arcaico rol de amantísima esposa y mujer dedicada al hogar. La pureza de antaño, dio paso a la sofisticación, sensualidad y picardía. Los inicios del cine sonoro, trajeron consigo, una necesaria e imparable renovación de la figura femenina en la gran pantalla, las mujeres pasan a tener el poder sobre los hombres y no al revés, gracias a su inteligencia y malas artes. Ninguna actriz, deseaba interpretar a la niña buena. La dura y complicada época de la Gran Depresión (en la cual, había aumentado alarmantemente el número de parados y los cines se estaban quedando vacíos), empujó a los Estudios a rebasar los límites. Buscando una manera de incentivar al público para volver a las salas, el cine de Hollywood se volvió más abierto sexualmente, más crítico socialmente y polémico (mostrando prostitución, alcohol, drogas, abortos, violencia, promiscuidad...), se tuvo que reinventar, ante la amenaza de la quiebra generalizada, fueron los años más negros de la industria cinematográfica americana.


''Se prohibe la perversión sexual* y toda referencia a ella''. Código de Producción, años 30. 


Desde 1929 hasta 1934, la mujer en el cine, pasó a ser desenfadada, divertida, maquiavélica y liberal, esos cinco años fueron los más descarados, explícitos y abiertamente sexuales de la Historia del Cine. En aquellas películas, las mujeres ascendían a altos puestos directivos, engañaban a los hombres a su antojo, eran madres solteras, dejaban de estar tan expuestas al yugo masculino, etc. Más de 50 actrices de la época (entre ellas, Barbara Stanwyck, Bette Davis, Loretta Young, Mae West, Jean Harlow, Norma Shearer, Marlene Dietrich, Greta Garbo, Joan Crawford, etc) se rebelaron contra el machismo y la figura dominante masculina en general, retratando a mujeres fuertes, sensuales, desenhibidas e independientes, criaturas de rompe y rasga en definitiva. Fueron unas pioneras de inicios del siglo XX, que marcaron las pautas de una inminente transformación cinematográfica, parecía que nadie podía pararlas, hasta que cinco años después (en Julio de 1934) llegó la censura de los guiones. Hasta ese momento, el cine de Hollywood, había sido la tierra de la libertad y la diversión. En la Metro, reinaban dos estrellas, Greta Garbo que representaba a la vampiresa y Norma Shearer a la ingenua, pero esta última, con la llegada del cine sonoro y cansada de la imagen blanda que el cine había proyectado de su persona, decidió cambiar completamente de registro para ''La divorciada'', acababa de casarse con Irving Thalberg, jefe de producción de la MGM. Thalberg era famoso por controlar la carrera de sus estrellas, Greta Garbo o Joan Crawford, se contaban, entre ellas. Se pensó en Joan Crawford para la protagonista de ''La divorciada'', pero Norma Shearer se adelantó y consiguió este codiciado papel pese a que inicialmente nadie estaba convencido de que podría interpretarlo de manera creíble (ni siquiera su marido Irving Thalberg). Norma, decidida a lograrlo costara lo que costara, le mostró una sesión de fotos provocativas suya a su marido y fue así, finalmente, cómo él accedió a hacerle una audición. Joan Crawford (que ya mantenía una relación distante con ella, ya que había sido una segundona suya, realizando tareas de doble en trabajos mudos de la actriz y además, le había robado papeles que ansiaba, ambas pertenecían al mismo Estudio) le declaró la guerra, nunca pudo perdonarla.

''Los criminales no deben ser convertidos en héroes. Los tribunales no deben ser presentados como injustos''. Código de Producción, años 30. 


El Código de Producción de Películas, especificaba, lo que se podía mostrar o no en pantalla (estaba prohibido por ejemplo, la desnudez, el adulterio o el sexo ilícito, etc). ''La divorciada'' fue una película clave en los últimos coletazos de la época pre-code, por su buen hacer, tratando un tema delicado en aquellos tiempos como es el adulterio, de manera sofisticada.


''Las películas no deben sugerir que la obscenidad es aceptable''. Código de Producción, años 30.


El fuerte acento sueco de Greta Garbo, retrasó su llegada al cine sonoro. Antes de que la Garbo debutara en el sonoro, Norma Shearer ya había protagonizado cuatro peliculas habladas. Fue en ''Anna Christie'', en la cual, pronunció sus primeras palabras. Greta Garbo aterrizó en Estados Unidos en 1925, al principio, sólo le adjudicaban películas en las cuales, interpretaba a vampiresas (un estereotipo que ella misma, odiaba), después del rodaje de ''El demonio y la carne'', se declaró en huelga. MGM, no tuvo más remedio que ceder y le ofrecieron ''Anna Karenina'' y ''La mujer ligera'', gracias a esos papeles, conseguiría deshacerse de esa etiqueta. ''Anna Christie'' y ''La divorciada'' se estrenaron con un mes de diferencia, Shearer ganó el Oscar a la mejor actriz, estando ambas nominadas.


''Una mujer para dos'', ''Anna Christie'', ''Carita de ángel'', ''Red Dust'', ''The Animal Kingdom'', ''Un alma libre'' o ''La divorciada'', son algunas de las películas más representativas de la era pre-code del cine americano. Se hablaba con libertad sobre el sexo, el deseo y se reflexionaba sobre los nuevos hábitos sexuales. Eran películas adelantadas a su tiempo y plenamente vigentes todavía en la actualidad, debido a lo modernas y subversivas que resultan.


''Se prohiben la indecencia y el exhibicionismo''. Código de Producción, años 30.

Fue, posiblemente, la etapa más arriesgada del cine americano, donde se llegaron a tratar temas sociales peliagudos o polémicos, como el aborto ilegal (en ''Men in white'' por ejemplo). ''Men in white'' estaba protagonizada por Clark Gable y Myrna Loy y basada en una obra que ganó el Pulitzer. Retrata el aborto de manera soterrada, pero claramente implícita, aunque sin mencionarlo o mostrarlo. Aún así, algunos críticos la consideraron inmoral, la recién creada Liga de la Decencia Católica la definió como ''inapropiada'' para su exhibición pública.

A principios de los años 30, las mujeres con formación universitaria y médica, empezaron a incorporarse al mercado laboral y las películas pre-code, narraban esas historias con interés.

''La reina Cristina de Suecia'' fue una de las primeras peliculas en mostrar la ambiguedad sexual, Greta Garbo estaba empeñada en hacer el papel de esta reina sueca bisexual, ante de las dudas de la MGM, les ofreció renovar su contrato con ellos, a cambio de permitirle protagonizar esta estupenda y transgresora cinta. El Estudio no tuvo más remedio que ceder, ya que la Garbo era una constante fuente de ingresos.


El cine pre-code subvirtió los roles antiguamente destinados al sector masculino, la mujer ahora, podía ser infiel, delincuente, trabajadora, malvada, egoísta, etc. Las mujeres por fin, se sentían liberadas y estaban empezando a conocer en profundidad, su sexualidad. El público de la época se sentía fascinado, por esas mujeres tan complejas, poderosas y con tanta personalidad e inteligencia. La era gloriosa de las mujeres fatales en el cine.


Las presiones de La Liga por la Decencia hicieron mella en el cine pre-code. Los católicos fueron los máximos culpables de que se implantara el temible Código Hays, debido a sus críticas y quejas sobre la conducta moral de las películas. Joseph Breen, un fanático religioso, que llevaba trabajando cuatro años en la oficina de William Hays, fue el principal impulsor de este código de censura, alegando que las cintas que se filmaban eran inmorales y atentaban contra la decencia. Poseía conexiones con la Iglesia Católica y fundó La Liga por la Decencia, un grupo religioso que les decía a los católicos que películas podían ver. Así fue, como consiguió el poder para poner al cine de Hollywood de rodillas. Y con ello, el fin de la era pre-code. Desde ese momento, las películas no podrían estrenarse sin el nuevo sello de aprobación del código de producción y antes de rodarlas, los guiones deberían de ser revisados y aprobados. Esta etapa supuso un considerable retroceso de la imagen de la mujer en el cine, volvía a ser considerada un simple complemento de la figura dominante masculina, una mujer sumisa y pura (la exaltación de los valores católicos más tradicionales). Pero finalmente, tantas restricciones, no pudieron frenar la reinvención de la figura femenina en el ámbito cinematográfico, la modernidad se abría paso. Y aunque fuera de manera velada o no tan implícita, algunos grandes creadores supieron hábilmente burlar la censura, que no desapareció, desgraciadamente, hasta 1967.

 *El eufemismo ''perversión sexual'', hacía alusión a la homosexualidad, entre otras cosas.

jueves, 5 de junio de 2014

Barbara Stanwyck, la actriz superlativa


 Contenida, temperamental, auténtica, magnética, carismática, polivalente... Barbara Stanwyck (Ruby Catherine Stevens, 1907-1990) es una superviviente, una currante y actriz nata. De origen muy humilde, su madre murió cuando era muy niña y su padre abandonó a la familia, pasó su triste infancia en hogares de acogida. Trabajó en pequeños oficios (como telefonista, por ejemplo), hasta que a los 16 años, empezaría a demostrar profesionalmente aptitudes artísticas, debutando como corista en vodeviles y antros de mala muerte, posteriormente se convertiría en actriz teatral en Broadway llegando así, sus primeros éxitos (en esa época, conocería a su primer marido el actor Frank Fay y además, conseguiría su nombre artístico definitivo). Terminaría poco después, siendo descubierta para el cine, currandose su carrera desde abajo. Películas generalmente menores, en las cuales, representaba a la chica sencilla que era en la vida real, personajes de mujeres bondadosas (paradójicamente, a lo largo de su carrera, daría vida a algunas femmes fatales realmente sobresalientes, siendo la más lograda y por la que obtuvo mayor popularidad, la que encarnó en ''Perdición'').

''Las tres noches de Eva'' dirigida por Preston Sturges.

Fue Frank Capra, su gran descubridor y con el cual, empezó a brillar como se merecía. Pero el papel que la confirmó como estrella y la perfiló como intérprete de una solidez dramática abrumadora fue ''Stella Dallas'' (King Vidor, 1937), con el cual, lograría optar a su primer Oscar a la mejor actriz. A lo largo de su carrera, se sumarían tres candidaturas más a este premio, por sus espléndidas interpretaciones en ''Bola de fuego'', ''Perdición'' y ''Voces de muerte''. Nunca lo ganaría por una interpretación en concreto (simplemente, tiene en su haber, uno honorífico, que fue a recogerlo en 1981 y con dedicatoria incluída a su amigo William Holden, fallecido poco antes), siendo para mí, una de las injusticias más grandes de las que puede presumir la Academia.

''Perdición'' de Billy Wilder.

La Stanwyck es una maravillosa actriz de carácter, pocas tan versátiles, genuinas y emocionales como ella, con un control interpretativo realmente apabullante, su poderío escénico es memorable (una virtuosa de la interpretación, se maneja con una técnica admirable y muestra en la pantalla, sus emociones con una verdad increíble y absoluta). Pocas actrices dejan tanta huella en los espectadores como Doña Bárbara, actriz pasional y de una fuerza arrolladora. Poseedora de una voz contundente y muy personal y unas facciones singulares que podían haberla encasillado de por vida en papeles de mujeres fatales, supo transitar acertadamente y con una enorme facilidad entre todo tipo de registros y géneros. Aunque los melodramas y las comedias, predominan claramente en su extensa trayectoria. Una auténtica dama de la interpretación, con todas las letras. Era favorita de muchos directores, especialmente de Frank Capra (la adoraba, se comentó que estuvo enamorado platónicamente de ella, además, le inculcó que la herramienta esencial de un intérprete, debe de ser siempre la mirada y como sea utilizada), Preston Sturges (que la escogió personalmente para la deliciosa ''Las tres noches de Eva'') y Billy Wilder (que la convenció para protagonizar ''Perdición'', tras las dudas iniciales de la Stanwyck, por temor al encasillamiento).


Seguir artísticamente a la Stanwyck, es un disfrute constante, no paras de descubrir joyas cinematográficas y de deleitarte con su talento. La adoro. En pantalla, puede alcanzar todos los registros que desee, para ella no hay fronteras. Puede ser dulce, bondadosa, cómica, dramática, pícara, odiosa, inquietante, malvada... Es asombrosa, su capacidad para resultar creíble en cualquier situación o papel. Es de esas actrices, que recomendaría sin lugar a dudas, a los cinéfilos que sean novatos en el cine clásico, al igual que otros como James Stewart, Bette Davis, Katharine Hepburn o Cary Grant, puede presumir de una carrera casi perfecta (en la cual, ha trabajado con los directores más talentosos de la época más dorada de Hollywood, como Howard Hawks, King Vidor, Billy Wilder, Preston Sturges, Mitchell Leisen, Douglas Sirk, Robert Siodmak, Frank Capra o Fritz Lang, entre otros). Y si hablamos de partenaires masculinos, con los que se nota que conectó mejor y creó una química excelente y envidiable, fue especialmente con tres geniales actores: Gary Cooper, Henry Fonda y Fred MacMurray. Como actriz, destaco tres cualidades especialmente y que valen oro puro: la mentada versatilidad, la capacidad de condensar y transmitir a través de su mirada un océano de sentimientos sin recurrir a excesivos alardes interpretativos (es una intérprete tan dotada y que sabe mirar tan bien, que consigue ir más allá del texto) y su poderosa, personal y carismática presencia en pantalla. En definitiva, es de esas actrices que te atrapan.

''Stella Dallas'' de King Vidor.

Si como actriz se entregaba completamente, como persona era muy reservada, se conocían pocos detalles de su vida privada, aumentando así, el misterio que la rodeaba en su faceta profesional. En el ámbito sentimental, estuvo casada en segundas nupcias con el galán Robert Taylor (cuatro años menor que ella) al que llamaba cariñosamente Junior, terminarían separandose en 1951, tras doce años de matrimonio. Se comenta que la ruptura le afectó mucho y que no volvió a confiar realmente en los hombres (se rumoreó que él le fue infiel con actrices como Ava Gardner o Lana Turner y que estas infidelidades, la llevaron a un presunto intento de suicidio). Su amistad con Joan Crawford, en los mentideros de Hollywood, supuestamente apuntaba a una posible bisexualidad de ambas.

''Bola de fuego'' de Howard Hawks.

En los últimos años de su carrera, además de recoger numerosos premios honoríficos, se enfocó hacia la televisión, apareciendo en tres series: ''Los Colby'', ''Valle de pasiones'' y ''El pájaro espino''. Barbara Stanwyck era de esas actrices tan entusiastas y que sentían tanto amor por actuar, que no cesó de interpretar durante la mayor parte de su existencia. En los rodajes, tenía fama de ser una persona encantadora, por su profesionalidad, amabilidad y generosidad (ayudaba y apoyaba a intérpretes jóvenes e inexpertos, como a su futuro amigo William Holden en ''Sueño dorado'' de 1939).

Seguramente por la película que más se la recuerda es por la inmortal ''Perdición'', pero si os atreveis a profundizar más en su filmografía, hallareis otras cintas inmensas e inolvidables, es una intérprete que se merece una reivindicación eterna. Es sin duda, una de las grandes.
Un resumen de su trayectoria cinematográfica, aquí. 





lunes, 19 de mayo de 2014

Audrey Hepburn, la dulzura hecha actriz (+ 9 películas claves) (III)

Terminamos con nuestro especial sobre Audrey Hepburn. Ésta es nuestra última entrega. Esperamos que la disfruteis. Para leer la primera parte, aquí y la segunda, aquí.




''Vacaciones en Roma'' (William Wyler, 1953)




Mucho antes de que Paolo Sorrentino nos hiciera viajar a la Roma más mundana de la mano de Jep Gambardella, otro director decidió que Roma era la ciudad perfecta para que su protagonista huyera, precisamente, de la mundaneidad y el vacío que dominaban su vida: era William Wyler, y en Vacaciones en Roma nos regalaba una de esas películas (no italianas) en las que es imposible no enamorarse de la capital italiana. Tan difícil como también lo era no rendirse ante la belleza de Audrey Hepburn. 

La princesa Anna quiere conocer la vida más allás del protocolo y el ambiente cortesano, y de ese impulso, de esa necesidad, se construye una película sobre las ansias de una vida diferente, de libertad, que se nos presenta como una comedia, avanza hacia la comedia romántica, y desemboca en ese final que, sin salirse de ella, logra que más de uno note un nudo en la garganta. Tres fragmentos que tienen tres protagonistas: Audrey Hepburn, Gregory Peck y Roma. La Ciudad Eterna es algo más que un escenario: por sus calles, la picardía de Joe Bradley se va transformando en algo mucho más profundo, e imposible; por sus plazas y monumentos, la cándida princesa Anna recibe unas dósis de madurez. 

Mientras Peck, que aceptó el papel que había rechazado Cary Grant, era ya un actor de carrera consolidada, para Audrey Hepburn este sería su primer papel protagonista. Hecho que provocó que la productora tratara de anteponer el nombre de Peck al de la actriz en los créditos inicials, algo a lo que se negó el actor. Con muy buen criterio, Peck creía que Hepburn estaba "a punto de ser una estrella". Y así fue: lograba el oscar a la Mejor Actriz Protagonista y se situaba como una de las actrices con más proyección de ese Hollywood que, en aquel 1953, era aún dorado.  

Hepburn logró conjugar las ansias casi infantiles de su personaje al principio de la película, con el componente cómico que se requerían para ciertos pasajes, según se va deshaciendo de ese porte de niña mimada inicial y, finalmente, con la madurez y serenidad que debe asumir hacia el final de la cinta. Todo ello en esa ambivalencia tan propia de ella en la que la inocencia que transmite recubre un caracter firme. 

Así, con Vacaciones en Roma la actriz se convirtió en estrella. Luego se convirtiría en mito, pero esa es otra historia.




''Ariane'' (Billy Wilder, 1957)


 
Amores fugaces, fingidos y verdaderos.

Excelente comedia romántica de Billy Wilder, cineasta clave para entender la comedia clásica y moderna estadounidense con obras tan populares como: Con faldas y a lo loco o La tentación vive arriba entre otras.
 En esta ocasión adapta a la pantalla junto a I.A.L. Diamond la novela de Claude Anet(seudónimo del tenista y escritor Jean Schopfer ) Ariane, jeune fille russe publicada en 1920 y que previamente fue llevada al cine en 1931 por el director alemán Paul Czinner con el título de Ariane y con guión de Carl Mayer.

Se nos cuenta la historia de Claude Chavasse (Maurice Chevalier) un detective que desarrolla su profesión en París,y que se ha especializado en resolver asuntos relacionados con infidelidades y deslices amorosos. Su hija Ariane (Audrey Hepburn) es una encantadora joven que toca el violonchelo y cuya curiosidad la lleva a inmiscuirse en uno de los casos de su padre, llevándole esto a conocer a Frank Flannagan (Gary Cooper) un rico playboy estadounidense con el que tendrá una aventura muy especial Pese a considerarse como una obra menor dentro de la sobresaliente filmografía de Wilder y haber sido maltratada por la crítica, es, sin embargo una película que contiene no pocos elementos de interés y que lleva por supuesto el sello de su autor: diálogos ingeniosos y chispeantes así como escenas construidas con gran ingenio y un amplio derroche de imaginación. Es una comedia más sentimental y lúdica que no contiene aún ese tono ácido y satírico presente en comedias posteriores como El apartamento (1960) o Un, dos tres (1961). La película se resiente debido a la excesiva edulcoración de algunas escenas, a un uso en ocasiones demasiado efectista de la música (que hace que en ocasiones la fluidez de la narración se relantize) y a una duración algo excesiva.



Dicho esto los actores están estupendos, Audrey Hepburn con su deslumbraste y sofisticada belleza ofrece una notable actuación, usando esa naturalidad y esa espontaneidad tan suyas que la han hecho merecedora de convertirse en una de las actrices más “cool” de todos los tiempos, no en vano era su segunda colaboración con Wilder tras la estupenda Sabrina (1954) por otra Gary Cooper está perfecto en su papel de galán otoñal y demuestra una vez más su gran capacidad para la comedia, no en vano ya intervino en dos películas escritas por Billy Wilder (La octava mujer de barba azul (1938) dirigida por su maestro Ernst Lubistch y Bola de fuego (1941) de Howard Hawks y finalmente con la presencia de un simpático y sagaz Maurice Chevalier.
La puesta en escena refinada y elegante debe mucho a Ernst Lubistch, con un estupendo trabajo en la fotografía de William C. Mellor y una música realmente evocadora de Franz Waxman. Película muy estimable, a redescubrir, eclipsada por la fama de sus comedias más conocidas citadas ya anteriormente. Contiene algunas secuencias magníficas y la elegancia y el encanto del buen cine clásico… creo que no se puede pedir más a una película.


''Sola en la oscuridad'' (Terry Young, 1967) 
           Por Immaculada Pilar Colom.





Como espectadores, una de las cosas que más tensión nos suele provocar es ver aquello que el protagonista, por las razones que sean, no puede. Sobre todo en el caso de thrillers, cuando sus protagonistas son ciegos, esa sensación casi claustrofóbica se hace acuciante. Lo que el personaje siente, y nosotros vemos, va cerrando la atmósfera de este tipo de películas de tal manera que, en muchas ocasiones, nos sentimos igualmente atrapados.

Entre el suspense y el terror, en 1967 Terence Young dirigió a Audrey Hepburn, Alan Arkin, Richard Crenna, al recientemente fallecido Efrem Zimbalist Jr., Jack Weston y Samantha Jones en esta adaptación de la obra de teatro de Frederick Knott, Sola en la Oscuridad. En la cinta, una invidente (Hepburn) era aterrorizada y perseguida por unos criminales en busca de un alijo de droga que había sido escondido en su apartamento, de forma accidental, por el marido de la protagonista.

Durante 108 minutos vivimos la persecución a la que se somete al personaje de Hepburn, y la película nos va envolviendo en esa sensación de soledad permanente y desvalida que persigue a la invidente, acrecentada por la fotografía, que potencia los claroscuros y las sombras, y por una efectiva banda sonora, firmada por Henry Mancini. 



Mel Ferrer, que por aquellos entonces estaba casado con Hepburn, produjo la película, de la que Audrey era protagonista absoluta. Ese halo de fragilidad que siempre le rodeó es aquí aún más patente. La actriz construyó su personaje de manera convincente, utilizando recursos que van más allá de una mirada perdida, como el sutil encogimiento con el que reaccionaba ante un grito o un sonido brusco. Así, sin exageración, la actriz logrará que el espectador se sienta tan atrapado como ella por esa doble prisión con la que juega el film: el apartamento de la protagonista y su propia ceguera. En cierta manera, mientras más cercada se encuentra la pobre Susy, más brillante es, si cabe, la interpretación de Hepburn.

La película dista de ser redonda, sin embargo tanto la actriz como la ambientación logran que pasemos por alto aquello que parece no funcionar tan bien como debiera. La cinta recibió una nominación al Oscar, en la categoría de Mejor Actriz, y significó un punto y aparte en la carrera de Hepburn, ya que no volvió a ponerse frente a las cámaras hasta diez años más tarde, cuando protagonizó Robin y Marian. 


''Robin y Marian'' (Richard Lester, 1976)
 Por Juan Murillo Bodas.




 Estupenda película de un director, Richard Lester que filma la mejor obra de toda su carrera. Se trata de una revisión de la popular figura de Robin Hood en tono melancólico y crepuscular. Es una película de una gran sobriedad y belleza sustentada por un estupendo reparto encabezado por dos excelentes actores: Sean Connery que da vida a un Robin Hood maduro y maltratado por los años y su aventura en las cruzadas que, al igual que Ulises vuelve a su particular Ítaca tras haber estado ausente muchos años; por otro lado está la deslumbrante figura de Audrey Hepburn que nos brinda una de las grandes interpretaciones de su carrera, su encarnación de Lady Marian es conmovedora, Hepburn entiende a la perfección la riqueza de matices de su personaje y se convierte en esa dama desencantada e inconformista, frágil y dulce, fuerte y testadura que al ver como su amor se aleja para siempre decide entregarse al servicio de Dios, será además uno de sus últimos papeles importantes para el cine. 

Además, la película cuenta con unos secundarios de excepción: Richard Harris como un Ricardo Corazón de León cruel, salvaje y despótico y Robert Shaw, excelente en su papel de Sheriff de Notthingham. La ambientación está espléndidamente conseguida. El rodaje en exteriores dota de verosimilitud al relato, transportándonos a ese mítico bosque de Sherwood. La fotografía de David Watkin es magnífica combinando las suaves panorámicas con virtuosos planos cenitales mención aparte la brillante partitura de John Barry, una de las más logradas de su gran carrera que ambienta perfectamente la historia, bien es verdad que Lester abusa en ocasiones de la música para enfatizar el tono crepuscular del relato o para subrayar la emotividad de los paisajes o el riesgo de las escaramuzas… 

El guión de James Goldman está construido con una estructura in crescendo, bien es cierto que hay pasajes en los que la minuciosidad o la trivialidad relantizan el desarrollo de la historia, que por cierto está cargada de emotividad y nostálgia, aunque también hay un cuestionamiento de los valores tradicionales: la lealtad hacia la corona, la inutilidad de la guerra, y por ende todo lo que significará para los protagonistas: la perdida de la felicidad… la posibilidad de recuperar el tiempo perdido no es factible, ni siquiera para los héroes de la literatura folclórica épica. Muy recomendable película repleta de aventuras, pasión, reflexión sobre el paso del tiempo y cuya historia de amor es de aquellas que no se olvidan. Es también una película sobre el honor, la lealtad, la amistad y el amor verdadero. Perfecta película de aventuras para disfrutar una y otra vez.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Lana Turner y Veronica Lake, dos míticas rubias marcadas por la fatalidad

Lana Turner y Veronica Lake, compartían numerosos puntos en común: ambas de cabellera rubia y belleza fría (lo cual las hacía idóneas para encarnar a femmes fatales), más valoradas en su época por su agradable físico y sensualidad que por sus cualidades interpretativas (aunque las dos eran grandes actrices), sus carreras llevaron una trayectoria similar de montaña rusa (rápido ascenso y sonada caída) y vidas personales trágicas, escandalosas y complicadas.

Las dos estrellas han hecho correr ríos de tinta en el Hollywood dorado, con sus amoríos, sonados escándalos y problemas íntimos de toda índole.

Lana Turner y Veronica Lake, fascinan no solamente por sus dotes interpretativas y su gran belleza, si no también por lo que sucedía detrás de bambalinas, sus truculentas y agitadas vidas personales dieron muchos titulares y todavía siguen haciendo las delicias de cualquier mitómano o amante del cine clásico que se precie. Todo ello, contribuye a crear un retrato apasionante de dos estrellas con sus luces y sus sombras, ayudando a hacerlas más terrenales y no tan perfectas. Dos actrices problemáticas que fueron aplastadas por su propia vida y por la industria cinematográfica hollywoodiense.    



Lana Turner, belleza gélida y turbadora presencia

''En Hollywood siempre perdonas a tus enemigos porque nunca sabes cuando vas a volver a trabajar con ellos''. Lana Turner.
 

Nacida como Julia Jean Turner, el 8 de febrero de 1921 en Wallace (un pequeño pueblo minero de Idaho). A la edad de 10 años, perdió a su padre de 36, que fue hallado muerto en una calle de San Francisco con el cráneo destrozado a golpes, lo asesinaron para robarle un dinero que había ganado jugando a los dados. Ese fue el primer trágico suceso que marcó a fuego la vida de Lana. En 1931 se mudó con su madre a Los Ángeles, pero la vida de ambas fue muy dura y su progenitora no podía mantener a su hija, viendose obligada a separarse de ella. Lana terminaría viviendo con amigos de su familia.
No era buena estudiante, de hecho, fue descubierta por un cazatalentos, un día que se saltó las clases que tanto aborrecía. A los 15 años, ya formaba parte del elenco de extras de la Warner, más tarde, se incorporaría al plantel de estrellas de la Metro. 

Lana Turner poseía una belleza glacial idónea para papeles de femmes fatales, que contrastaba con su presencia turbadora y ardiente. A lo largo de su trayectoria, se especializó generalmente en retratar en pantalla a mujeres de carácter y pasionales. ''El cartero siempre llama dos veces'' la consagró como estrella, películas tan imperecederas y magníficas como ''Imitación a la vida'', ''Vidas borrascosas'' (la que fue su única nominación al Oscar a la mejor actriz) y ''Cautivos del mal'', terminaron confirmandola como mucho más que una cara bonita. Era una buena actriz, pero en ocasiones, su deslumbrante apariencia física y su aura de símbolo sexual, puede que le restaran injustamente importancia a su estupendo talento. Una de las grandes divas del Hollywood dorado, aunque tras esa imagen elegante y glamourosa, se escondía un animal herido. Fue una persona muy vulnerable, con problemas de inestabilidad mental y una vida amorosa muy frenética y turbulenta -su incansable actividad sentimental, venía motivada por su pavor a la soledad-, plagada de muchos amoríos y matrimonios.

Hubo un gran escándalo que marcó a fuego su carrera, precipitandola a su imparable decadencia, el asesinato del mafioso Johnny Stompanato, a manos de su hija, el 4 de abril de 1958.
Lana y Stompanato se conocieron en Acapulco, la mítica actriz en aquel momento, tenía 38 años y estaba sumida en una crisis de autoestima, su fuerte afición al vodka estaba empezando a pasar factura a su bello rostro y sus relaciones sentimentales tormentosas la dañaron internamente, todo ello, contribuyó a convertirla en una persona frágil e inestable (había estado casada anteriormente en siete ocasiones y tenido infinidad de romances).

Lana con su hija Cheryl.


Stompanato, mantuvo una relación con Lana para lavar su imagen principalmente (fue guardaespaldas del capo Micky Cohen, entre otras cosas) pero la actriz vivió un auténtico calvario a su lado. Era un hombre violento, que la maltrataba físicamente y psicológicamente constantemente, además de abusar sexualmente de ella y tenerla manipulada en general. La mayoría de las veces, su hija Cheryl era testigo de estas conductas abusivas y violentas inflingidas a su madre por su nueva pareja (incluso se ha llegado a afirmar que también abusó de ella).
Stompanato además de violento, era una persona extremadamente posesiva, de hecho, cuando Lana estaba rodando con Sean Connery ''Brumas de inquietud'', supuestamente había coqueteado con el actor escocés en el set. Su pareja que había sido informado de esta noticia por sus colegas, puso precio a la cabeza de Connery, el cual no tuvo más remedio que huir a Londres para salvar su vida. Lana se enteró así, de las conexiones que Stompanato mantenía todavía con el hampa de Los Ángeles (hasta ese momento, desconocía el pasado oscuro de su pareja) y decidió romper su relación para salvaguardar lo que quedaba de una carrera artística que se había resentido en los últimos años al encadenar varios fracasos comerciales.

La prensa americana haciendose eco del escándalo Turner-Stompanato.

Una noche, la hija adolescente de Lana para defender a su progenitora de otra brutal paliza, (contemplaba la escena detrás de la puerta) coge un cuchillo en la cocina, cuenta la leyenda, que se lo clavó a Stompanato en el estómago y acabó así, con el infierno que estaban viviendo las dos, a manos de ese ser tan despreciable.
Aunque existe otra versión todavía más sórdida, que asegura que Cheryl estaba celosa de la belleza de su madre y de su poder para seducir a los hombres y que lo asesinó por estar enamorada secretamente de Stompanato.

La trifulca entre los dos amantes, en esta ocasión, estaba motivada por la decisión de Lana de dejarlo, como era habitual, Stompanato reaccionó de manera desmedida y violenta, incluso amenazandola de muerte.
En el juicio posterior (que incluso fue retransmitido por televisión, marcando un hito histórico), Lana defendió insistentemente la inocencia de su hija. Finalmente, ambas quedaron absueltas, se consideró que fue un homicidio justificado. En dicho proceso judicial, salieron a la luz, trapos sucios: unos supuestos documentos y cartas dirigidas a amigos de Stompanato, en las cuales, él relata las aficiones sadomasoquistas de Lana, sus gustos en la cama y su insaciable apetito sexual.

Años después, Cheryl Crane confirmaría su culpabilidad en su libro autobiográfico ''Una tragedia en Hollywood'', en el cual, relataría detalladamente todo lo que aconteció esa fatídica noche del 4 de abril de 1958 y cómo planeó el asesinato de Stompanato, además de sacar a relucir una infancia muy traumática, en la cual, asegura que fue violada en repetidas ocasiones por Lex Barker (cuarto marido de su madre)  y por el padre de Lorenzo Lamas, el también actor Fernando Lamas (otro de los amantes de Lana).

En definitiva, Lana Turner tuvo una vida de guión cinematográfico, llena de escándalos y problemas personales. Podría ser carne ideal para un biopic apasionante, en un Hollywood actual tan falto de ideas nuevas, no me extrañaría que terminaran queriendo llevar a la gran pantalla su trayectoria personal y profesional.


Su accidentado paso por el Festival de San Sebastián

Lana recogiendo su premio Donostia.

En la edición de 1994, los premios Donostia recayeron en Lana Turner y Mickey Rooney. A ella, la invitaron por la necesidad de premiar a una figura femenina relevante, no por convencimiento real. Como bien relata Diego Galán en su estupendo libro ''Jack Lemmon nunca cenó aquí'', los organizadores (incluído él mismo, ya que fue director general y asesor del festival durante 13 años) la calificaban de estrella prefabricada de Hollywood a mayor gloria de maquilladores y peluqueros, no la consideraban una auténtica actriz (tal como le pasó durante toda su carrera, no solían tomarsela realmente en serio como intérprete, a pesar de sus admirables esfuerzos). Con la creencia de que recibirían una negativa por parte de la famosa actriz, decidieron intentar invitarla. Contrariamente a lo que pensaban, Lana Turner sí aceptó la oferta (en aquellos momentos, estaba con la grabación de un programa sobre su vida y este homenaje era ideal para incluírlo ahí). Intentaron todo tipo de artimañas para que Turner declinara asistir, pero no lograron quitarle la idea de la cabeza, convencida seguramente, de que podía ser su despedida a lo grande. Pidió poder pasar unos días en Madrid, antes de llegar a San Sebastián, pero terminó cansandose de esa ciudad al poco rato, apareciendo días antes de lo previsto, en el certamen.

Lana Turner no soportaba a Mickey Rooney y dejó claro que no quería encontrarselo en el festival. Rooney (recientemente fallecido) que había llegado días antes de la aparición de ella, aseguraba en sus memorias (que estaban a punto de publicarse) que había tenido un romance con ella cuando eran adolescentes y que había nacido una niña, fruto de su relación. La Turner siempre negó rotundamente esta noticia.

Mickey Rooney tuvo un paso agridulce por San Sebastián, afable cuando quería, pero también malhumorado y realmente caprichoso, tanto que por momentos, terminaron hartos de su presencia.

Los organizadores del festival intentaron a toda costa que el encuentro entre los dos no se produjera, pero media hora antes de la llegada de Lana, Rooney apareció de improviso en el hotel, sospechando de que pretendían despistarle para que no viera a Lana ese día (lo habían llevado a degustar una paella en un pueblo pesquero lejos de San Sebastián). Finalmente, consiguieron que subiera a su habitación, antes de que Turner hiciera su aparición. Para entretenerle durante un buen rato, se les ocurrió ofrecerle a una televisión rusa una entrevista exclusiva con él (Rooney que estaba insistentemente hablando de un western que había escrito y producido) aceptó por promoción. El mítico actor desde que se enteró de que Lana vendría a San Sebastián para recibir el premio Donostia, preguntaba constantemente cuando llegaría, a sabiendas de que un encuentro como ese, le reportaría todavía más publicidad para sus memorias. Un viejo zorro oliendo a su presa.

La llegada de Lana Turner fue tan clamorosa como mal organizada. Ella que estaba ya enferma y envejecida (tenía cáncer de garganta, de hecho, moriría un año después) se asustó, ante la avalancha de cámaras, fotógrafos y periodistas, refugiandose en su rechoncha asistente latina Carmencita. Poco después, en su habitación y pasado ya el susto, mientras Carmencita deshacía sus maletas, Lana estaba feliz, exclamando ''Llamadme Lanita. Todo el mundo me llama Lanita''. Estaba ansiosa por ir a todas partes, conocer los últimos rincones de Euskadi, dar entrevistas, ir al cine... Lana chapurreaba un simpático castellano aprendido en un rodaje y recordado gracias a Carmencita.

En la rueda de prensa, era optimista ante el cáncer que padecía... ''Mi fe es enorme y sé que el Dios que me dio la vida me está protegiendo de mi cáncer de garganta. Hace dos años me encontraba mal, pero ahora estoy alegre y con muchas ganas de vivir y sé que mi gran Dios no va a abandonarme''.

Estaba dispuesta a contestar a todas las preguntas, hasta que un periodista le hizo una pregunta indiscreta pero de actualidad, que opinaba sobre las declaraciones de Mickey Rooney, sobre su presunta relación sentimental e hija. ''Mickey Rooney es un cretino. Yo siempre he sido una romántica y me he casado siete veces pero ya basta. Ahora prefiero pensar en otras cosas''.
Cuando terminó la rueda de prensa, la despidieron con una gran ovación. Al volver a su habitación, se encontró con un ramo de flores que le había mandado Mickey Rooney. Lana que seguía enfadada con el actor, le gritó a Carmencita que lo tirara a la basura.

En la noche de entrega del premio Donostia, Lana Turner estaba muy emocionada y contenta, conquistó al público presente. Fue una noche espectacular e irrepetible. Mágica.

El problema vino después, ante la negativa de Lana Turner de entregar la Concha de Oro, como era tradición, ''Mañana no entregaré la Concha de Oro. Una estrella, ya se sabe, no debe exhibirse más de lo justo porque pierde intensidad''. Su decisión sentó mal, porque ya se había planeado que la entregaría ella. Afortunadamente, gracias a la argucia de Carmencita (la mucama de Lana) consiguieron el sí, ''Les hace mucho trastorno la señora, verdad? Si ustedes quieren yo puedo ponerme malita, así ella no podrá hacer el viaje sola y si se tiene que quedar mañana, será más fácil convencerla''. Carmencita comenzó con su ''actuación'' delante de Lana, haciendo que se mareaba y demás, asustando a la Turner, ''Carmencita, qué te pasa? Qué tienes? Dónde te duele?'' ''Ay, no lo sé señora, es un mal general. Son achaques de la edad. Mejor será que nos quedemos un día más y así puede usted hacerles el favor a estos muchachos tan simpáticos y que tan bien se han portado con usted...'' El engaño de Carmencita surtió efecto y Lana Turner subió al escenario para entregar la Concha de Oro a ''Días contados'' de Imanol Uribe (el jurado ese año, estaba presidido por el director Robert Wise).


Veronica Lake, la hermosa actriz de conflictiva personalidad

«He llegado a un punto en mi vida en que son las pequeñas cosas las que importan. Siempre fui rebelde y, probablemente, podría haber llegado mucho más lejos si hubiera cambiado de actitud. Pero cuando lo piensas bien, has llegado lo suficientemente lejos sin el cambio de actitud. Estoy feliz con eso.»

 
Nacida como Constance Frances Ockelman, el 14 de noviembre de 1922 en Broklynn (Nueva York). Veronica Lake (su apellido ficticio, hacía alusión directa a sus profundos y penetrantes ojos azules, tan azules como un lago), era de origen germano. Sus inicios fueron como modelo pin-up. Ya como estrella cinematográfica, ostentaba la mala fama de ser una de las actrices más difíciles con las que trabajar, sus compañeros se quejaban constantemente de que era imposible tratar con ella, debido a su rebelde y arisca personalidad (incluso Alan Ladd con el que colaboraría hasta en cuatro ocasiones, no mantenía una relación amistosa con su co-estrella habitual). Fredic March terminó tan harto de su comportamiento y de que le dieran tantos minutos en pantalla en ''Me casé con una bruja'', que retituló la película como ''Me casé con una zorra'' y aseguró que no volvería a colaborar junto a ella en ninguna cinta más.

Los estudios solían emparejarla con Alan Ladd, más por cuestiones de altura (él medía solamente 1,65) que artísticas, protagonizaron juntos diversos títulos noirs. Gracias a estas cintas, se convertiría en uno de los rostros indiscutibles del cine negro de los años 40.

 ''Nunca deseé ser una estrella, nunca me lo tomé en serio. No podía vivir, no podía soportarlo, odiaba ser algo que, en realidad, no era. De haberme quedado en Hollywood habría terminado como Alan Ladd y Gail Russell: muerta y enterrada. Aquella ciudad de ratas los mató y sé que también me habría matado a mí".

Lo cierto, es que Lake era principalmente conocida por su manera de peinarse (con una especie de flequillo ladeado tapandole un ojo denominado peekadoo, lo cual le daba una considerable dosis de misterio a su mirada) que causó sensación y por su sensual e innegable belleza. El suyo era uno de los rostros más pérfidos, fascinantes y enigmáticos que ha dado la Historia del Cine, poseía una presencia magnética y carismática en pantalla (memorables sus trabajos en ''Los viajes de Sullivan'' y ''Sangre en Filipinas'', por citar solamente dos ejemplos). Posiblemente no sería una de las estrellas del añejo Hollywood más dotadas artísticamente hablando, pero la cámara la adoraba y se manejaba de manera solvente en los papeles que le asignaban.

Su trayectoria fue fulgurante, con pocos títulos destacables y terminó de manera precipitada. A finales de los 40 empezó su declive profesional, la Paramount no le renovó el contrato y entre las deudas, divorcios, demandas y una posterior rotura de tobillo en 1959, Lake se vio obligada a retirarse del séptimo arte e ir sobreviviendo como podía, entre trabajos teatrales y televisivos.
Etiquetada como sex symbol, sus escándalos, fracasos comerciales, su indómita personalidad (se especulaba desde su infancia, que tenía serios problemas mentales) y su incipiente alcoholismo (fue detenida en numerosas ocasiones por embriaguez y por escándalo público), terminaron por enterrar una carrera que podría haber dado más de sí. La menuda actriz (medía 1,55) acabó totalmente arruinada y alejada del celuloide, se la encontró trabajando de camarera en el Martha Wasghinton Hotel de Manhattan (llevaba una temporada viviendo en hoteles baratos de Nueva York y Broklynn). En aquel momento, ante el periodista fingió ser una cliente pero después no tuvo más remedio que reconocer la verdad. Este escándalo le reportó una inesperada publicidad (y le devolvió momentáneamente la simpatía del público por ser una actriz caída en desgracia), que le proporcionó la posibilidad de volver a los escenarios, ejerciendo de presentadora de un programa de televisión de Baltimore y de retomar su actividad interpretativa, con una película de pésima calidad ''Foosteps in the Snow''.


Por desgracia, a finales de los 60, su salud física y mental empeorarían y es recluida en un psiquiátrico debido a una paranoia (afirmaba que estaba siendo investigada por el FBI).Temporalmente se recuperó y publicó una autobiografía ''Veronica'', la cual recibió críticas positivas y mucha publicidad. Con las ganancias de esta publicación, Veronica Lake rodaría su film de despedida, ''Flesh Feast'' de 1970, una cinta de horror de bajo presupuesto. Se trasladó ese mismo año a Reino Unido para casarse con su cuarto marido Robert Carleton-Munro, el matrimonio fue muy fugaz y tres años después, volvería a Estados Unidos y sería hospitalizada. Enemistada con su familia e hijos, no recibió ninguna visita. En 1973, fallecería a los 50 años en una cama de un hospital de Vermont, a causa de una hepatitis y una insuficiencia renal, derivadas de su adicción al alcohol.

Veronica Lake, fue lamentablemente, una de las tantas muñecas rotas del Hollywood del sistema de estudios, un monstruo que se alimentaba de la fama y belleza de sus víctimas y cuando ya no daban beneficios se deshacía de ellas. Lake, alcanzó lo más alto durante un escaso período de tiempo (llegó a ser una de las estrellas más taquilleras de su época y era portada de la mayoría de las revistas) pero las malas elecciones profesionales, su problemática personalidad y su repentino cambio de look (se vio obligada a cambiarlo, debido a que algunas mujeres de la sociedad americana de la época que trabajaban en las máquinas de embalaje e imitaban su peinado, sufrieran accidentes con sus largas melenas que quedaban atrapadas, en ocasiones, en la maquinaria). Se comenta que su brusco cambio de look, propició el inicio de su declive profesional, su legendario peinado se había convertido en su principal seña de identidad como actriz, causó un gran impacto en los espectadores. Esa fue solamente la punta del iceberg.


Resumiendo, Lana Turner y Veronica Lake fueron dos actrices rubias inolvidables del cine clásico, que vieron truncadas sus prometedoras carreras principalmente, por factores externos al terreno artístico (aunque realmente nunca fueron consideradas como buenas actrices con todas las letras). Como sabemos, Hollywood no tiene piedad (especialmente en aquellos años, cuando los estudios eran todavía más puritanos y ejercían un control total sobre sus stars, intentando tapar a toda costa cualquier escándalo que pudiera hundir la trayectoria de sus estrellas más apreciadas y rentables) y los escándalos de ambas se unieron a los fracasos comerciales de sus últimos films, este cóctel explosivo menguó el poder de estrella que encandila al público.

 

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